AÑO DE LA EUCARISTIA

Capítulo tercero: Apostolicidad de la Eucaristía y de la Iglesia

Hemos visto que la Eucaristía construye a la Iglesia y que la Iglesia hace la Eucaristía. Por tanto hay una relación íntima y estrecha entre una y otra. Sin la Eucaristía no existiría la Iglesia, y sin la Iglesia no existiría la Eucaristía. Asentada esta base, el Papa dice que la Iglesia es ‘apostólica’, según afirmó el concilio nice-constantinopolitano. De ahí que también la Eucaristía sea apostólica. En este capítulo tercero el Papa trata de la Apostolicidad tanto de la Iglesia como de la Eucaristía.

Una y otra son apostólicas en un triple sentido de la expresión. En primer lugar, son apostólicas porque una y otra tienen su base en el colegio apostólico. En expresión de san Pablo, la Iglesia es apostólica porque permanece “edificada sobre el fundamento de los apóstoles”, (Ef 2,20). También el fundamento de la Eucaristía son los Apóstoles porque este sacramento fue entregado por Jesús a ellos y transmitido por los mismos a sus sucesores, los obispos, hasta nuestros días. De ahí también la ‘apostolicidad de la Eucaristía’. “La Iglesia celebra la Eucaristía a lo largo de los siglos precisamente en continuidad con la acción de los Apóstoles, obedientes al mandato del Señor”, dirá el Papa (n.27). Y precisamente el mandato del Señor nos fue transmitido por los apóstoles.

El segundo sentido de la apostolicidad de la Iglesia se basa en que la Iglesia “guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo, que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito,

 

las sanas palabras oídas a los apóstoles” (Catecismo de la Iglesia Católica, n.857). Y el Papa apostilla: “También en este segundo sentido la Eucaristía es apostólica, porque se celebra en conformidad con la fe de los apóstoles” (n.27). El Magisterio eclesiástico, a lo largo de la historia ya bimilenaria del Pueblo de la nueva Alianza, ha vigilado para que la doctrina que atañe al sacramento eucarístico siga fiel a lo que enseñaron los apóstoles. Esta fe permanece inalterada.

Y finalmente, el tercer sentido de la apostolicidad de la Iglesia se fundamenta en que la Iglesia “sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los apóstoles”, y lo seguirá siendo a través del colegio de los Obispos, en cuanto sucesores de los mismos, asistidos por los presbíteros, “juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia” (Catecismo… n. 857), hasta la vuelta de Cristo. “Esta sucesión -dice el Papa- es esencial para que haya Iglesia en sentido propio y pleno”(n.28). por tanto, también la Eucaristía, en este sentido, es apostólica, porque el Concilio Vaticano II enseña que los fieles “participan en la celebración de la Eucaristía en virtud de su sacerdocio real” (Lumen Gentium, 10). Pero advirtiendo que sólo el sacerdote ordenado es quien puede realizar, como representante de Cristo, el sacrificio eucarístico y lo ofrece a Dios en nombre de todo el pueblo (Ib). La plegaria eucarística sólo puede pronunciarla el sacerdote, mientras el pueblo de Dios se asocia a ella con fe y en silencio en virtud de ese su sacerdocio.