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Tras la misa de exequias del santo, que según la tradición habría sido entonada por los ángeles para un Santo Confesor, el rey de Sicilia, Federico, hijo de Pietro y antiguo rey de Cataluña, el arzobispo Guidotto y el pueblo, solici-taron solemnemente que la Santa Sede confirmara el culto que se daba al santo, costeando los gastos necesarios.
También la Orden se apresuró a preparar lo necesario para su canonización, cuando apenas habían pasado 70 años del tránsito a la gloria de Alberto. El Capítulo General celebrado en Puy-en-Velay en 1375 estableció que todo religioso que hubiera ya obtenido el permiso respecto a la cesión de sus propios bienes, diese una cantidad «para la canonización del Beato Alberto», decidiéndose que el Prior General pudiese imponer una tasa económica a las Provincias para sostener, entre otras cosas, los gastos «para la canonización del Beato Alberto y del santo Legado», o sea San Pedro Tomás.
El Capitulo General de Brescia de 1387 comisionó al Padre Bartolomeo da Sciacca como Procurador, a fin de impetrar de los
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príncipes, prelados y nobles de Sicilia que presentaran instancias al Papa «para la canonización del Beato Alberto, nuestro hermano», con obligación, bajo juramento, de dar cuenta de las limosnas recogidas para obtener dicha solicitud.
Las gestiones se hicieron con rapidez. En 1399 en el Capitulo General de Las Selvas, delegó en el Provincial de Sicilia para que impetrara del Papa, en nombre del Prior General y de todo el Capítulo, la canonización del Beato Alberto da Trápani.
A pesar de estos tentativos, sin resultado, el Capítulo General de Montpellier de 1420 decretaba que «en todos y en cada uno de los conventos se hiciera pintar la imagen del Beato Alberto con la aureola»; mientras que Doña Eleonora de Bosco había dejado escrito en su testamento con fecha 13 de marzo de 1424 «tener y poseer una capilla bajo el título de San Alberto, sita en la iglesia de Santa Maria de la Annunziata en tierras de Trápani».
El Capítulo General de Pamiers de 1425 daba de nuevo al P. María Giovanni de Scolio el encargo de procurar cartas - por parte de prelados, comunidades y ciudades -solicitando del Papa «la canonización de San Alberto».
Una fecha decisiva para la glorificación del santo fue el año 1457.
Regía la familia del Carmelo en aquella época un insigne reformador: el Beato Juan Soreth. Éste solicitó del Papa Calixto III que en Sicilia, o donde fuera posible, se pudiese continuar con el culto público que ya se daba al santo con la erección de altares e iglesias en su honor.
El Papa concedió benévolamente el permiso para ello y de esta concesión, hecha oralmente, quiso expresamente que el cardenal protector de la Orden, presente en el coloquio, diera testimonio de ello con una carta, de la cual dan testimonio los historiadores de la Orden e impresa en 1507.
Más tarde, el Prior General, Padre Cristoforo Martignoni, obtuvo del Papa Sixto IV la bula Coelestis aulae militum, con fecha 31 de mayo de 1476, con la cual se confirmaba la concesión hecha por Calixto III vivae vocis oraculo.
En el Capítulo General de Venecia de 1524, en el que fue elegido Prior General Nicolás Audet, se determinó que en el sello del Capítulo General junto a la Virgen se pusiera la imagen de San Juan Bautista a la derecha y sancti patris nostri Alberto (imago) a sinistris. Además el mismo Audet quiso que en todas las iglesias de la Orden hubiera un altar dedicado al santo.
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Cuando se trató el tema de la Liturgia en el Capítulo General celebrado en Colonia en 1411, en el que participaba el Provincial de Sicilia, el bachiller Gerardo da Trápani, se estableció cuanto sigue: «Del Beato Alberto de Trápani hágase fiesta doble en el día de San Donato (7 de agosto), y celébrese el ofi-cio de Confesor no Pontífice hasta que no se publique el oficio propio, que en realidad ya está preparado». Difundido primero en copias manuscritas, cuando se inventó la imprenta este oficio divino tuvo el honor de tener varias ediciones, de las cuales las más conocidas son las de 1495 y 1573. También los Misales Carmelitas de los siglos XVI y XVII reproducen los textos de la misa propia en honor de San Alberto.
A fin de hacer más solemne la fiesta del santo, los padres gremiales del Ca-pítulo General celebrado en 1564 en el convento de San Martino ai Monti en Roma, manifestaron el deseo de celebrar la fiesta con octava, cosa que obtu-vieron.
Finalmente en 1625, en otro Capítulo General, se dio el encargo al Procurador General de la Orden de solicitar de la Santa Sede la gracia de incluir la fiesta en el Calendario Romano. La Congregación de Ritos concedió, además de la inclusión en el Martirologio Romano del recuerdo del santo el 7 de agosto, que en Mesina y en toda la Diócesis se celebrase la fiesta de San Alberto el 7 de agosto.
Los textos de la misa y del Oficio propio del santo en uso entre los carmelitas hasta la reforma del Vaticano II, tuvieron confirmación especial por parte del Papa Gregorio XIII en 1584 con ocasión de la reforma del Breviario de la Orden. Dicho oficio estaba compues
to con cadencias rítmicas escritas por el Beato Bautista Mantuano.
Con la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II le fue concedido a la Orden celebrar litúrgicamente San Alberto con el grado de fiesta.
Los textos del Oficio propio, usados por la antigua rama del Carmelo, fueron elaborados ex novo, ya que los anteriores tenían cadencias rítmicas no admisibles hoy.
Los himnos son los anteriores, pero revisados y corregidos por el benedictino Dom Anselmo Lentini. El esquema de la misa pone de relieve las características del santo: religioso, carmelita y bienhechor del pueblo.
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La importancia asumida por el culto en la Orden pasó por medio de Santa Teresa de Jesús a la reforma de los Carmelitas Descalzos.
En las Constituciones «antiguas» de las monjas (1576?) y en las «definitivas» de 1581, Santa Teresa incluye la fiesta de «nuestro padre San Alberto» en los tres días establecidos para recibir la santa comunión.
Además el santo encabeza la lista del elenco de los santos protectores de Santa Teresa, según el autógrafo de Ribera. La santa quiso también que en el monasterio de Toledo fuese pintada una imagen de San Alberto, e indujo a un dominico (quizás el padre Diego de Yanguas) a traducir del latín una vida antigua; después procuró «para consuelo suyo y el de las monjas» que dicha versión fuese impresa por Don Teutonio de Braganza junto al Camino de Perfección.
Otro hecho que indica que al principio de la reforma de los Descalzos el culto tributado a «nuestro padre San Alberto» era grande, fue la decisión del Capítulo de Madrid de 1590 que al dar el nombre a las primeras Provincias de Carmelitas Descalzos, además de San Elías, titular de Castilla, el único santo de la Orden al cual estaba dedicada una Provincia, como la de Méjico, fuese San Alberto.
Ya en el año anterior a esta decisión, el primer Proprium Sanctorum de la Reforma en España (Segovia, 1589) reproducía la fiesta del santo con rito doble y octava; mientras que el Proprium italiano de 1609 la celebración era de rito de segunda clase y octava. La octava se dejó en 1909 y en 1913 el rito fue de doble mayor solamente.
Con la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II la celebración del santo para los Carmelitas Descalzos es con grado de memoria obligatoria. |
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