En nuestro Editorial nos hacemos eco de la polvareda que levantó el Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia Española en los medios de comunicación y, sobre todo, en algunos políticos. Da la impresión de que la Conferencia Episcopal Española "ha puesto el dedo en la llaga" y a muchos les ha escocido.

¿Es que la Iglesia española no tiene todo el derecho del mundo a exponer su preocupación por la situación de la familia en España, de definir sin ambigüedades lo que entiende por familia y el papel que ésta tiene en nuestra sociedad, como también de exponer toda la pro-blemática que le atañe, directa o indirectamente, a la familia?

En este Directorio se hace un análisis riguroso de la situación de la familia en España, dejando claro la problemática actual y el origen de esta problemática. Si de verdad se quiere solucionar un problema hay que buscar el origen del mismo. Y esto es lo que ha intentado la Iglesia en el Directorio de la Pastoral Familiar, señalando las carencias y lagunas en la familia actual, y ofreciendo un abanico de campos en los que la Iglesia está actuando a favor de la familia como institución, que tanta influencia tiene en la sociedad española. Y esto, por lo visto, molesta.

A algunos políticos se le llena la boca con la palabra democracia y libertad de expresión, pero a la Iglesia se le quiere amordazar. ¿En qué país vivimos?

Unos con palabras de terciopelo le piden prudencia a los obispos (¿qué imprudencia han cometido?), y otros con exabruptos, les atacan como si los obispos no fueran ciudadanos de pleno derecho.

 

Una cosa es que no se esté de acuerdo con ellos y se expongan las razones por las que se está en desacuerdo, pero lo que no se puede hacer es tratarlos de ignorantes, imprudentes y otras lindezas.

Se reafirma la Iglesia, una vez más, en que la familia es el santuario de la vida y del amor y un bien para las personas y para la sociedad, además de indicar que la tan cacareada libertad sexual, no sólo no ha dado más consistencia al matrimonio, sino que las sepa-raciones son el pan diario y han aumentado los malos tratos en las parejas. Naturalmente que la Iglesia seguirá luchando en defensa de la familia formada sobre el matrimonio, como compromiso estable, aunque se quede sola. Una de sus misiones es denunciar.

La Iglesia lo que quiere es que no se silencie la realidad del sufrimiento de tantas familias porque daña la dig-nidad del hombre. Como dice el escrito de los obispos: “Esto se evidencia de modo fragante cuando los medios de comunicación y la comunidad política, en vez de escuchar los lamentos de este inmenso drama humano, hacen de altavoz a determinados grupos de presión, como por ejemplo los lobbis homosexuales, que reclaman a modo de privilegio unos pretendidos derechos de unos pocos, erosionando ele-mentos muy significativos de construcción de la sociedad que afecta a todos. Los mismos poderes públicos se han visto infeccionados por estas pretensiones; y se han dado iniciativas que han querido equiparar al matrimonio legítimo, o a la familia natural, realidades que no lo son, con la evi-dente injusticia que esto supone y que los obispos hemos denunciado repetidamente”.

M.B.M.