En
nuestro Editorial nos hacemos eco de la polvareda que
levantó el Directorio
de la Pastoral Familiar de la Iglesia Española en los medios de
comunicación y, sobre todo, en algunos políticos. Da la impresión
de que la Conferencia Episcopal Española "ha puesto el dedo en la llaga"
y a muchos les ha escocido.
¿Es que
la Iglesia española
no tiene todo el derecho del mundo a exponer su preocupación
por la situación de la familia en España,
de definir sin ambigüedades lo que entiende por
familia y el papel que ésta tiene en nuestra
sociedad, como también de exponer toda la pro-blemática
que le atañe, directa o indirectamente, a
la familia?
En este Directorio se hace un análisis
riguroso de la situación de la familia en España,
dejando claro la problemática actual y el origen
de esta problemática. Si de verdad se quiere
solucionar un problema hay que buscar el origen del
mismo. Y esto es lo que ha intentado la Iglesia en
el Directorio de la Pastoral Familiar, señalando
las carencias y lagunas en la familia actual, y ofreciendo
un abanico de campos en los que la Iglesia está actuando
a favor de la familia como institución, que
tanta influencia tiene en la sociedad española.
Y esto, por lo visto, molesta.
A
algunos políticos se le llena la boca con la
palabra democracia y libertad de expresión,
pero a la Iglesia se le quiere amordazar. ¿En
qué país vivimos?
Unos
con palabras de terciopelo le piden prudencia a los
obispos (¿qué imprudencia han cometido?),
y otros con exabruptos, les atacan como si los obispos
no fueran ciudadanos de pleno derecho.