a Constitución Europea fue aprobada el 18 de junio último en Bruselas, consensuada por los Jefes de Gobierno y de Estado de los 25 países, después de dos años de trabajo para llegar a un consenso. Pero Europa se ha quedado sin raíces cristianas. Grave error histórico.
a decepción del Papa fue evidente y no dudó en decir el 20 de junio en la Plaza de San Pedro: “No se cortan las raíces gracias a las cuales se ha crecido”. Sabemos que esto es gritar en el desierto, pero seguiremos haciéndolo. El Papa no desaprovecha ocasión para manifestar su desagrado porque a los políticos europeos les da vergüenza de reconocer las viejas raíces cristianas de Europa. Así lo dijo delante de un grupo de compatriotas suyos hablando en polaco.
l Papa no se le ha pasado el disgusto de que en la Constitución Europea no se haya hecho referencia alguna a las raíces cristianas. Es indigno del hombre no querer reconocer sus raíces y, aún más, avergonzarse de ellas, además de ser un error histórico en este caso. Sin embargo, hay que reconocer que en el artículo 51, por ejemplo, de la Constitución Europea, se reconocen los derechos y la especidad de las confesiones cristianas de forma clara.
a Santa Sede no va a protagonizar ninguna campaña contra esta ‘carta’ constitucional porque no es su estilo, ni tampoco invitará a los católicos a que voten en contra de ella, cuando la ciudadanía sea invitada en las urnas para su aprobación en cada país. Pero sí se nos invita a seguir adelante, porque siempre es posible que los tiempos la mejoren y, sobre todo, se nos invita a testimoniar los propios valores.
a Iglesia, por tanto todos los cristianos, tiene que estar siempre empezando y esperando que caiga el imperio del mal de cada momento histórico. Así nos lo enseña la historia. Los más altos muros, infranqueables aparentemente para la fe cristiana, han caído no pocas veces a través de los tiempos. Al final, vencerá el bien sobre el mal.