an tenido que caer las torres gemelas de Nueva York, hemos tenido que sentir cercana la muerte en Madrid de cerca de 200 personas e infinidad de heridos, nos hemos tenido que estremecer por la masacre de niños y madres en la escuela de Beslán, en Osetia del Norte (Rusia) para que nos vayamos dando cuenta de que el terrorismo machaca donde quiere y es perverso. Es la nueva guerra, la más peligrosa y de la que se corre incluso el peligro de ser ‘utilizada’ por gobiernos democráticos, poco escrupulosos.
n un tiempo en que se ha globalizado la economía y otras cosas, también se ha globalizado la guerra, una guerra relativamente fácil: el terrorismo. Detrás del terrorismo no hay nada que lo justifique, nada que pueda ser asumido por la razón. Ellos, los terroristas, disponen de todas las armas, hasta las más irracionales, pero la sociedad no puede utilizar cualquier medio, por eso, siempre está en desventaja. Es la barbarie contra la civilización.
nte el terrorismo, dentro de la limpieza democrática, queda muy poco margen para defenderse. Algo habrá que hacer, pero ante las trabas democráticas, que debe respetar todo gobierno justo y racional, nadie encuentra los medios eficaces y seguros. El terrorismo es algo diabólico, invento satánico, sobre todo cuando se utilizan motivos religiosos. Por más violencia que han sufrido y siguen sufriendo los cristianos, especialmente los católicos, y sin embargo, han sufrido y siguen sufriéndola perdonando, sin el más mínimo polvo de odio en sus corazones. Así es como ha vencido siempre el cristiano. Como diría San Juan Crisóstomo: “Nos ponen en peligro, y una gran tempestad nos amenaza; no tememos ser sumergidos, porque permanecemos de pie sobre la roca”.
aplicación de la ley y la persecución policial, medios justos y democráticos, son insuficientes. Todo esto ¿no es por sí una especie de llamamiento a todos los hombres a la conversión del corazón, especialmente a los políticos, a trabajar por crear espacios y ambientes de solidaridad?