EDITORIAL

l 31 de diciembre, a las 16.30 h. el arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio, abría la puerta santa de la catedral jacobea y comenzaba el Año Santo Compostelano. Es el 118º Año Santo desde que el Papa Calixto II, en 1122, concediera a la iglesia compostelana las gracias jubilares tras el descubrimiento del sepulcro del apóstol. Cada vez que el 25 de julio (festividad de Santiago) cae en domingo se celebra su Año Santo.

nte este nuevo Año Santo la Iglesia pide a los cristianos que se trascienda la interpretación secularizada del Jacobeo, a fin de que no se convierta en un simple fenómeno cultural, social y político o en un mero turismo. Eso sería descafeinar el verdadero sentido del Año Santo Jacobeo, como dijo el arzobispo de Santiago, “sin la dimensión religiosa y espiritual, el Camino de Santiago no tendría razón de ser. El Año Santo es más que un símbolo, es una concepción determinada del hombre y de su relación con Dios”.

n el último Año Santo Compostelano, el de 1999, visitaron Santiago cuatro millones y medio de peregrinos. En este año, los organizadores calculan que serán unos seis millones.

pesar de la explosión del fenómeno sociocultural y turístico del Jacobeo, el motivo religioso y de fe sigue siendo el principal para el peregrino: así lo manifestó el 92.77% de los que el último año hicieron la ruta jacobea. Y sólo un 7.23% manifestó como único motor de su peregrinación el motivo cultural. Sobre el fondo vergonzoso de resistirse a reconocer en la futura Constitución de Europa sus raíces cristianas, la gran cita de los jóvenes que se celebrará en Santiago del 5 al 8 de agosto, se quiere que “los jóvenes reconozcan y profundicen en las raíces cristianas del viejo continente”. Avergonzarse de un pasado que tanto ha contribuido a que sea posible hoy una Europa libre, democrática y solidaria, habla muy mal de sus dirigentes actuales. A este paso, los políticos europeos, muchos de ellos se declaran cristianos, van a entregar a sus hijos una Europa sin valores auténticos.