adie puede negar que se está intentando dinamitar la familia. Es un objetivo del laicismo excluyente que, a su vez, puede estar alimentado por poderes ocultos. Se ha hecho ya mucho daño a la familia y las consecuencias son evidentes, sobre todo en gran parte de nuestra juventud. Esto no es una opinión, es un hecho. Y no lo constatamos para lamentarnos, cosa estéril y tonta, son para que se sepa y se le ponga remedio.
l cardenal Alfonso López-Trujillo, Presidente del Consejo Pontificio para la familia ha dicho: “A pesar de las dificultades que atraviesa la institución familiar y las crisis por una pérdida de identidad, y en algunos casos de fuerza y energía, se equivocan los que se empeñan en expedir la partida de defunción de la familia. La familia no será pulverizada. Se trata de una institución natural, base de la sociedad fundamentada en el matrimonio”.
o olvidemos que es una institución anterior y superior al mismo Estado. El más interesado en defender la familia debería ser el Estado porque esto le facilitaría la formación de buenos ciudadanos. Por el contrario, cualquier manipulación de la familia por parte del Estado, además de ser una acción perversa, revertiría contra el mismo Estado y contra la misma sociedad.
ue existe una amenaza contra la familia es algo tan evidente como la claridad del sol en medio de un cielo sin nubes. Y éste no es un problema exclusivo de la Iglesia sino fundamentalmente de la sociedad. A la Iglesia le preocupa porque mira al hombre con ojos de amor, porque es el rey de la creación. No es comprensible que en un tiempo en que el hombre defiende y protege la naturaleza animal y vegetal hasta el mimo, gastándose grandes sumas de dinero en su protección y leyes para defenderla, se trate de destruir una institución que cuida y protege al ser humano, que debe estar por encima del resto de la creación.