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EDITORIAL

Rostros de la esperanza

La Encíclica del Papa Benedicto XVI “Spe salvi”, la esperanza salva, ha planteado, por su profundidad y su análisis del mundo de hoy, numerosas cuestiones. Una de las más reales es, sin duda, ¿Dónde esperamos encontrar los rostros de la esperanza?

La historia del cristianismo nos recuerda a muchas personas, aquellos, que han dado su vida en defensa de su fe en Cristo, numerosos mártires, que han mostrado el rostro de su en Cristo resucitado.

Dejando a un lado los mártires y santos, que han ofrecido su vida por Dios, encontramos a miles de personas que luchan por encontrar la esperanza en un medio difícil. Su testimonio nos apremia a sacudir nuestra pereza y meternos en el camino de Cristo, solucionar muchos problemas y mostrar a los demás el rostro de la esperanza.

El rostro de la esperanza lo ponen muchos misioneros, que llevan, en países lejanos, el mensaje de Cristo y abren a la esperanza a miles de familias y niños, que no conocen el rostro humano de la bondad, de la amistad, del amor y que nos dan las gracias con su sonrisa y amor.

Aquellos, que prestan su vida, en la ayuda humanitaria, en llevar a miles de niños los auxilios materiales imprescindibles para sobrevivir y movilizan a muchas personas, recurren a empresas, para que esos niños reciban ayuda. Su sacrifi cio es recompensando con la mirada agradecida, de esos ojos abiertos, ilusionados y llenos de esperanza.

La esperanza de los exiliados políticos, de regímenes dictatoriales, que luchan por su liberación y piden un mundo más justo y poder volver a su casa donde los esperan su familia para vivir su vida en amor y esperanza.

Los emigrantes, que buscan ansiosos una nueva vida, una pequeña esperanza, que les ayude a seguir viviendo, y nos piden un poco de solidaridad.Niños abandonados, obligados a trabajar, explotados, nos piden un rayo de esperanza a una nueva vida. Niños faltos de todos los recursos humanos, ilusionados con nuestros regalos y felices de encontrarse con nosotros y nuestra amistad.

Los que se dedican, desde el campo científi co, a investigar, a buscar nuevos horizontes para solucionar enfermedades diversas y dan esperanza a la humanidad.

Los que ayudan a niños disminuidos, que en su dolor, nos dirigen una mirada de agradecimiento que jamás podemos olvidar.Estos rostros nos mueven a encontrar una relación profunda entre la esperanza y Cristo, que nos da fortaleza para sembrar amor en los rostros de niños y personas que sufren las injusticias de una sociedad ajena a sus problemas.

Estos y otros, son los miles de rostros de la esperanza que pueden dar consistencia al mundo en que vivimos.