EDITORIAL
NO A LA GUERRA, PERO CON PAZ EN EL CORAZÓN
 

En el mes de abril último hemos asistido a una mezquina manipulación de la guerra.
En un sólo día están muriendo en África diez veces más personas que todas las que han muerto en la guerra de Iraq, y nadie levanta una voz de protesta.

Para los Medios de Comunicación y para ciertos grupos sociales y políticos sólo ha existido una guerra: la de Iraq. Al terminar ésta, ya no se habla de guerra. Las guerras de los países asiáticos y africanos no existen. Y allí también mueren niños, y lo que no es menos grave, se instruyen a los niños y se les dan armas, especialmente fabricadas para ellos, para pelear en estas interminables guerras. Nadie escribe en los periódicos sobre ellas, ni las ondas sonoras de las radios hablan de ellas, ni la TV nos ofrece imágenes, ni nadie se manifiesta contra ellas.

La hipocresía de Occidente no tiene límites. Es muy difícil entender la falta de resonancia en los Medios de Comunicación de estas otras guerras que llevan arrastrando millones de víctimas. ¿También las guerras se rentabilizan por las empresas mediáticas? Las noticias y las fotos que nos llegan de estas guerras no son de agencias de comunicación, sino de misioneros católicos y de otros grupos, con sensibilidad social, que están viviendo en directo estas tragedias.

Del Zaire al Congo, por poner un ejemplo, es un reguero de sangre. ¿Por qué no se ¡envían corresponsales de guerra para ver y contar en directo lo que está pasando en esos países? El Papa lo ha recordado en los oficios del Triduo Pascual: hay “otras regiones del mundo donde guerras olvidadas y conflictos solapados provocan muertos y heridos entre el silencio y el olvido de no poca parte de la opinión pública”.

No nos engañemos o no queramos engañar. El que no tenga paz en su corazón que no grite contra ninguna guerra porque, si no, su grito contra la guerra se convierte en un grito de odio contra alguien. Bienaventurados los pacíficos, es decir, los que trabajan por construir la paz. Pero no son pacíficos los que gritan contra la guerra con ira en su corazón. ¡La violencia engendra violencia!