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este año de 2004 se cumplen los 50
años del Carmelo de la Bética en la bella tierra
venezolana. Al reflexionar sobre la presencia de los primeros
carmelitas en estas tierras, cabe preguntarse cómo se
aceptó esta invitación
del Señor que, indudablemente, estaba basada en aquel
mandato del Señor id por el mundo entero y anunciar el
Evangelio a toda criatura. Nuestros jóvenes religiosos,
sacerdotes y no sacerdotes, respondieron con generosidad como
corresponde a esa capacidad de riesgo y generosidad, que a esa
edad se tiene, y al deseo de abrirse a nuevos y desconocidos
horizontes. El hecho es que un puñado de religiosos jóvenes
inició con gran ilusión nuestro anuncio del Reino
en Venezuela.
e
ha trabajado con ahínco en no pocos lugares y en las
distintas facetas del trabajo apostólico, recibiendo siempre
el cariño de la gente. Desde hace algunos
años, se ha puesto especial interés en el campo
vocacional, sobre todo a partir del momento en que las vocaciones
empezaron a disminuir en España.
Un Carmelo autóctono tenía que nacer y así nació el ‘Carmelo
Venezolano’. En Venezuela estaban trabajando religiosos
carmelitas de dos Provincias españolas. En 1982, las dos
Vicarías, iniciamos en común el primer noviciado.
Al cumplirse este año los cincuenta años de nuestra
presencia en aquellas tierras, ya se puede decir que, de aquel ‘Carmelo
en Venezuela’ ha germinado este ‘Carmelo Venezolano’.
ara que se
produjera aquella pesca milagrosa que obtuvieron los discípulos
del Señor, fue necesario que el Maestro los invitara
a remar mar adentro. Ellos, avezados pescadores, en la persona
de Pedro les dijo: “Maestro, hemos estado toda
la noche bregando y no hemos cogido nada, pero en tu nombre echaré las
redes” (Lc 5,5). Así se inició el trabajo
vocacional en Venezuela, confiando sólo en el Señor.
Estábamos convencidos que la Iglesia en Venezuela tenía
necesidad de vocaciones nativas. Se hicieron algunos intentos.
Nuestra oración era constante y como el profeta “a
la séptima vez, hay una nube pequeña que sube del
mar” (1R 15,44). Para el Profeta fue suficiente para ver
en ella el anuncio de la lluvia posterior abundante.
l ‘Carmelo
Venezolano’ es una realidad que se está haciendo
presente como fruto del amor de Dios que no abandona a su pueblo.
Es pequeño, es apenas
como la nubecilla de Elías, pero estamos seguros que crecerá.
Las vocaciones son fruto del amor de Dios, un verdadero “don
de Dios” (cf.
Mt 19, 10-12). Él no abandona a su pueblo. Y después
de cincuenta años está naciendo y formándose
el Carmelo auténticamente venezolano. Seguimos remando
mar adentro y lanzando las redes en el nombre del Señor.