sto lo dijo el poeta Lawrence Ferlinghetti. Naturalmente lo dijo irónicamente, pero la costumbre de convertir la Navidad en regalos y compras hace verdad esta frase en los países desarrollados. La sociedad de consumo nos hace títeres a los hombres de nuestro tiempo. No compramos porque necesitamos algo, sino porque nos parece barato o porque, aunque sea caro, nos lo meten por los ojos diciendo que esas cosas nos hacen más felices.
a ilusión de la Navidad no es que Jesucristo un día, hace más de 2000 años, se hizo hombre por nosotros para traernos un mensaje de salvación y felicidad y que en prueba de su amor por nosotros un día se dejó matar en una cruz. Filósofos y sabios de todos los tiempos han buscado cómo hacer feliz al hombre y encontrar la piedra de la sabiduría. Todos han fracasado en este intento: no sólo no han conseguido un poco de bien espiritual y moral para el hombre, sino que han inventado sistemas e ideologías que han generado entre los hombres más dolor y muerte.
esús, aquel niño más pobre entre los pobres, que nació en una cueva natural porque no había posada para él la noche en que su madre empezó a sentir los ‘dolores’ del parto, era nada menos que la sabiduría eterna del Padre-Dios. Y él nos enseñó una ciencia suprema para ser felices: el amor a Dios y a los hombres. Esta es la gran sabiduría y el gran mensaje que ese Niño de la Navidad nos quiere recordar. Muchos, a través de los siglos, han entendido esta gran verdad y sus vidas han sido como faros luminosos para encontrar la verdadera sabiduría y felicidad. Tampoco a estos se les hace caso.
a estupidez de los hombres no tiene límites. Se quiere inventar una Navidad sin Niño de Belén, en definitiva una navidad laica, consistente en fiestas, comilonas y derroche, mientras millones de niños comerán esos días desperdicios, si los tienen, beberán agua contaminada, serán violados por sus dueños, o morirán de sida. El año pasado se engalanó el centro de la capital de España, no con palabras como Paz, Solidaridad, Amor... que son la expresión pura de la Navidad que proclama que ese Niño desnudo sobre pajas, calentado por el amor de María y San José, más el aliento cálido de unos animales, sino que las calles de Madrid se adornaron con estas ‘luminosas’ palabras: “mentira”, “resaca”, “cuerpo”, “factura” o “lujuria”. Al Alcalde de Madrid habrá que darle el premio Nóbel a la estupidez. ¡Así nos va!