Ya
no había duda. La confrontación con otras
firmas autenticadas del famoso escultor no ofrecen la
menor sospecha acerca de su autoría. Numerosos
repintes, huecos rellenos con cemento blanco o pasta
de papel, barnices oxidados, desprendimiento de la original
policromía... “Todo un Ecce Homo en el
sentido literal de la palabra”, declara el muchacho.
¡Bravo, Roán! Si así piensas y con
este estilo tú trabajas, te auguramos como imaginero
y restaurador todo un gran porvenir.
Con tales padrinos no
habrá dificultad que se te resista. Nuestra admiración,
Javier, y nuestro agradecimiento. En el templo conventual
de Sta. Ana ya existen frente a frente dos obras de Roldán:
el Niño de la Virgen del Carmen que preside el camarín,
y este Flagelado a punto de morir. Todo un itinerario
de Cristo salido de la gubia del Maestro sevillano.
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Ismael
Martínez Carretero,
O. Carm.