Nada de utopías. Se llama “utópico” a
todo ideal que se supone máximamente deseable, pero muchas
veces se considera inalcanzable. Y el verdadero perdón
es algo que se da con más frecuencia de lo que usted piensa.
“El perdono, pero no olvido”, es en el fondo una forma de resentimiento
que oculta la falta de perdón verdadero. No olvidamos la falta de los
otros cometida contra nosotros, porque no olvidamos, de verdad, las faltas, los
errores, o las fechorías que nosotros hemos cometido.
No somos generosos con nosotros mismos. Este es el caso de los tem-peramentos
amargados y fracasados que no saben aceptar con humor los propios despistes,
fracasos y equivocaciones. Nos tomamos demasiado en serio y no sabemos reírnos
de nosotros mismos.
Para no darle más vueltas a las cosas, te contaré la historia
de un cura que estaba harto de una beata que todos los días venía
a contarle las revelaciones que Dios personalmente le hacía. Semana
tras semana, la buena señora entraba en comunicación directa
con el cielo y recibía sus mensajes.
El cura queriendo desenmascarar de una vez lo que de superchería
había en tales comunicaciones, dijo a la mujer: “Mira,
la próxima vez que veas a Dios dile que, para que yo me
convenza de que es Él quien te habla, te diga cuáles
son mis pecados”. A los pocos días regresó la
beata. “¿Hablaste con Dios?”. “Sí”. “¿Y
qué te dijo de mis pecados?”. “Me dijo que
no me los podía decir porque los había olvidado”.
El cura se quedó sin saber si las apariciones de aquélla eran verdaderas,
pero supo que la teología de aquella mujer era buena y profunda, porque
la verdad es que Dios no sólo perdona los pecados de los hombres sino
que, una vez perdonados, los olvida. Es decir, perdona del todo.
Responde:
MANUEL CONDE, O. Carm.