CONSULTAS
EL PERDÓN VERDADERO
Los curas siempre están diciendo que hay que perdonar y olvidar, pero en la vida de cada día observo que pocos son los que perdonan y menos los que olvidan. ¿Usted cree que es posible olvidar una grave injuria, una gran fechoría, una traición moral, económica o familiar, sin que el recuerdo del mal te venga a la memoria, cada vez que ves a la persona? ¿No será esto una utopía del Evangelio?
Juan Manuel Burgos. Málaga.

Nada de utopías. Se llama “utópico” a todo ideal que se supone máximamente deseable, pero muchas veces se considera inalcanzable. Y el verdadero perdón es algo que se da con más frecuencia de lo que usted piensa.

“El perdono, pero no olvido”, es en el fondo una forma de resentimiento que oculta la falta de perdón verdadero. No olvidamos la falta de los otros cometida contra nosotros, porque no olvidamos, de verdad, las faltas, los errores, o las fechorías que nosotros hemos cometido.
No somos generosos con nosotros mismos. Este es el caso de los tem-peramentos amargados y fracasados que no saben aceptar con humor los propios despistes, fracasos y equivocaciones. Nos tomamos demasiado en serio y no sabemos reírnos de nosotros mismos.
Para no darle más vueltas a las cosas, te contaré la historia de un cura que estaba harto de una beata que todos los días venía a contarle las revelaciones que Dios personalmente le hacía. Semana tras semana, la buena señora entraba en comunicación directa con el cielo y recibía sus mensajes.

El cura queriendo desenmascarar de una vez lo que de superchería había en tales comunicaciones, dijo a la mujer: “Mira, la próxima vez que veas a Dios dile que, para que yo me convenza de que es Él quien te habla, te diga cuáles son mis pecados”. A los pocos días regresó la beata. “¿Hablaste con Dios?”. “Sí”. “¿Y qué te dijo de mis pecados?”. “Me dijo que no me los podía decir porque los había olvidado”.
El cura se quedó sin saber si las apariciones de aquélla eran verdaderas, pero supo que la teología de aquella mujer era buena y profunda, porque la verdad es que Dios no sólo perdona los pecados de los hombres sino que, una vez perdonados, los olvida. Es decir, perdona del todo.

Responde: MANUEL CONDE, O. Carm.