Estamos viendo matrimonios que se destruyen cada vez en mayor número. Esto nos ha llevado a estudiar el hecho de sí es posible un matrimonio estable y feliz. Si sólo se puede mantener un matrimonio por imperativos externos, nos parece que esto va contra la dignidad de la persona y el respeto debido a la libertad. ¿Qué opina sobre esto? |
El matrimonio es una comunidad de vida y amor entre un hombre y una mujer, constituida por mutuo consentimiento libre y voluntario de ambos. Esta comunidad de vida tiene una razón de ser: la realización plena de las dos personas en las exigencias mutuas de complementación sexual, afectiva y efectiva, y la realización también de su interés de paternidad y maternidad.
La complementación de las personas y la procreación de los hijos, no puede verificarse sin una estabilidad y un espacio de tiempo en que ese matrimonio viva unido establemente. Porque las personas están en realización toda su vida, y los hijos ne-cesitan la ayuda del padre y de la madre pa-ra su desarrollo afectivo y personal.
Por lo tanto, la estabilidad del matrimonio no puede depender de una imposición externa, aunque sea una ley, porque si esa ley les obliga a vivir juntos, pero ellos no se entienden y no se comprenden ni se aceptan, en vez de realizarse como personas se destruirán.
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Es cierto que el matrimonio tiene muchos enemigos u obstáculos en orden a su es-tabilidad. Pero, a pesar de todos esos obs-táculos, el matrimonio ha de tener un principio de estabilidad propio, ajeno a la ley y a cualquier imposición externa.
El matrimonio, como comunidad de vida, exige a los esposos un profundo amor, por el que mutuamente se entreguen y acepten los dos con todas sus características, con todas sus virtudes y defectos.
Cuando hay amor verdadero se quiere a la persona como es. No sólo como nosotros quisiéramos que fuera. Cuando el amor no supera los defectos de la otra persona, no es verdadero amor. Sin este amor la comu-nicación es imposible.
El matrimonio tiene que ser estable. Y puede haber matrimonios felices, con la felicidad posible en este mundo. No podemos exigir al matrimonio algo que no puede dar: una felicidad ilimitada.
Responde: MANUEL CONDE, O. Carm. |