Niños
que dijeron “¡hola!” a la vida
A Gianna Jensen quiso su madre
asesinarla mediante una inyección en su útero con
un compuesto capaz de abrasar al bebé por dentro y por
fuera. "Se supone –cuenta ella – que después
nace un bebé muerto, pero aparecí viva y dije “¡hola,
aquí estoy!”. Pesaba un kilo al nacer y aquella inyección
ni siquiera llegó a tocar su piel, pero quedaron múltiples
secuelas neurológicas. A los doce años descubrió
que la causa de sus trastornos neurológicos había
sido el intento de asesinarla su madre en el útero materno.
Desde entonces vivió feliz con sus padres adoptivos.
Imre Tegfasy, hijo de un militar
católico húngaro, narró cómo, al ser
expulsado su padre junto a su madre y a sus dos hermanos por el
régimen comunista de su país, su madre, agobiada
por el exilio, "trató de abortarme de varias maneras;
la última de ellas fue utilizando píldoras de quinina,
pero la dosis no fue lo suficientemente efectiva y yo llegué
a nacer". Este chico, a los once años, conoció
la verdad de su existencia de manera fortuita. Cuando se enteró,
cuenta él, "lloré toda la noche y no me podía
explicar por qué mi madre quiso abortarme". A sus
cuarenta años se hace la misma pregunta, pero añade:
"Todavía me pregunto dónde está mi madre,
necesito su amor mientras viva”.
No hace mucho oí por la
radio este testimonio de una madre muy joven, soltera; "me
quedé embarazada y sólo pensaba en abortar. Mis
padres me pedían que no lo hiciera pero yo me obstiné
en que mi hijo iba a ser un estorbo para mí, tan joven
y soltera. Decidí ir a una clínica para abortar
y me acompañó mi madre. Al llegar a la puerta de
la clínica había una manifestación antiabortista
que gritaba:''¡asesina! ¡asesina!" mientras yo
entraba en dicha clínica. Esperamos de pie para que me
atendieran, porque allí encontré a muchas mujeres
de todas las edades que querían abortar y no había
sillas suficientes para todas. Esto me llamó la atención.
Mi madre insistió en que no lo hiciera, pero yo seguía
empeñada en hacerlo, Sin embargo mientras esperábamos
seguía sonando en mis oídos el grito de "¡asesina!".
En un momento determinado sentí algo en mi interior y le
dije a mi madre "¡vámonos! No quiero abortar".
Salimos de la clínica rápidamente y nos fuimos a
casa. Hoy soy la madre mas feliz del mundo. Y mi hijo lo más
bonito y hermoso que ha sucedido en mi vida".
¡No
a la guerra, pero también a todo género de muerte!
Cualquier persona con un poco de sensibilidad está contra
la guerra por muchas razones, entre ellas porque los más
indefensos, como los niños sufren más. Pero el utilizar
el "¡no a la guerra!" simplemente como estandarte
de “progre” y para hacerse notar o para expresar una
ideología política es manipulación. En su
día los “progres” de la farándula quisieron
ganar popularidad enarbolando esta bandera. Y yo me pregunto:
pero ¿cómo se puede estar contra la guerra de forma
sincera y, al mismo tiempo, estar a favor del aborto, de la eutanasia
y de la clonación? ¿Qué tipo de progres son
éstos? Por si fuera poco, en La Vanguardia escribe Tony
Soler: "La Santa Sede se muestra más progresista en
política internacional que en moral doméstica".
¡Que haya que aguantar estas cosas! Este señor reparte
carnet de identidad progresista a la Santa Sede, o se lo quita,
cuando no coincide con sus ideas.
El refrán castellano fulmina a estos “progres”
cuando dice: "Dime de qué presumes y te diré
lo que te falta".
MIBAM, O. CARM.