La voz del Claustro

-Felices las que se convierten ellas mismas en Evangelio, porque hacen creible que Dios vive entre nosotros.

-Felices las que construyen la comunión, porque colaboran a plasmar el reino de Dios en la tierra.

-Bienaventuradas mujeres cariñosas, emprendedoras, que proclaman y edifican un mundo más humano.

-Dichosas aquellas que expresando su sensibilidad recuperan el rostro materno de Dios, como la Virgen Nazarena.

-Dichosas aquellas que con su lucha persistente, manifiestan la misericordia del Padre.

-Dichosas aquellas que con su resistencia y constancia glorifican a Dios, transformando la sociedad.

-Alégrense cuando con paso errante y contemplativo, saben descubrir la historia de la salvación y la interpretan con la comunidad, en amor orante.

-Alégrense cuando anticipando la utopía de la liberación cultivan, cosechan y reparten el pan de la fraternidad y de la solidaridad.

-Alégrense cuando sirviendo y plasmando la comunión, anuncian lo absoluto de Dios.

-Son felices aquellas que como Teresa de Jesús, ponen su inteligencia y su intuición para transformar la Iglesia con su entrega silenciosa en la oración contemplativa ante Jesús Eucaristía.

-Son felices aquellas que, como Teresa del Niño Jesús, penetran los secretos del Evangelio y anuncian el rostro del Dios verdadero.

-Felices aquellas que como Edith Stein, son incansables en la búsqueda de la verdad, porque la encuentran y se convierten en mensajeras de la misma.

-Son felices aquellas que como Teresa de los Andes, sirven a Dios desde la sencillez y lo cotidiano porque anuncian un Dios con nosotros.

Bienaventuradas mujeres todas... Porque sois sacramento de vida... al estilo de la Virgen María, Rostro materno de Dios.

Una Carmelita