El 20 de diciembre de 2002, el Sumo Pontífice Juan Pablo II proclamó las virtudes heroicas de Madre Crocifissa Curcio, fundadora de la Congre-gación de Hermanas Carmelitas Misioneras de Santa Teresa del Niño Jesús, atribuyéndole así el título de Venerable. Son conocidas como Carmelitas de Santa Marinella, por el lugar donde tienen la casa madre de la Congregación, en Italia.

Con este acto el Papa declaró oficialmente la santidad de esta carmelita presentándola como modelo y ejemplar para toda la Iglesia. Ahora, ante el reconocimiento del milagro obtenido por su intercesión, ha hecho que el Papa señale ya la fecha de su beatificación. Los cinco médicos de la Comisión reconocieron unánimemente en la reunión médica ex-traordinaria del 30 de octubre de 2003, que dicha curación era inexplicable para la ciencia. El 24 de abril de 2005 es la fecha fijada por el Papa para su beatificación.

M. Crocifissa nació el 30 de enero de 1877 en Ispica (Rg), Italia. Desde su adolescencia sintió la llamada a seguir radicalmente a Cristo, a través de la Madre del Carmelo, que le inspiraba el proyecto divino de hacer florecer el Carmelo en su país y en muchos otros.

Padeció numerosas pruebas y sufrimientos hasta llevar a cabo su proyecto. Para esta obra fue providencial el encuentro con el carmelita padre Lorenzo van den Eerenbenmt que le ayudó a dar vida a un pequeño Carmelo Misionero en Santa Marinella, diócesis de Porto Sta. Rufina (Roma).

A su muerte, sucedida el 4 de julio de 1957, la Congregación por ella fundada a favor de la juventud pobre y necesitada tenía fundaciones en Italia, Brasil y Malta. Y ahora tienen también en Canadá, Tanzania, Filipinas y Rumanía.

Hay que recordar como antecedente de toda su obra, que a los 18 años, en su ciudad natal se acercó a numerosos pobres para ayudarles, en contra de la voluntad de su familia, incluso del mismo párroco y haciendo oídos sordos del chismorreo de la gente que no le gustaba que una chica de buena familia prestara tanta atención a la caridad, en cierta ocasión, a una pobre prostituta enferma de sífilis. Todos los días Rosa (este era su nombre de pila) iba a ayudar a esta pobre mujer enferma sin temer a ser ella contagiada.

Redacción