|
|
|
|

Tema
del Mes
"VIVIR
EN OBSEQUIO DE JESUCRISTO por VINCENZO
MOSCA"
|
 |
Los
valores de la Regla del Carmelo |
 |
La historia del Carmelo puede interpretarse como una exégesis
viva, siempre nueva, de la regla de San Alberto, Patriarca de Jerusalén.
Una exégesis que se ha venido realizando bajo el influjo
del Espíritu y tratando de ser fiel a los horizontes evangélicos
de los orígenes de los carmelitas. Pero es también
una exégesis en cuanto que se sitúa siempre en un
momento histórico y cultural dado, y, por tanto, sufre todas
sus influencias. Las distintas interpretaciones de esta Regla de
vida son también producto de su contexto situacional, temporal
y hermenéutico.
De este modo, la larga historia de los carmelitas, que cuenta cerca
de ocho siglos, presenta una infinita gama de interpretaciones y
comentarios. Dado el poco espacio de que disponemos, nos limitamos
a los más recientes e importantes1
. Nuestra aportación específica
al estudio de la Regla es insistir más sobre la misma experiencia
de San Alberto, sobre su mundo vital y su obra, que todos los estudiosos
de la Regla han pasado por alto hasta hoy. Contexto, autor y texto
se iluminan mutuamente y nos ofrecen la posibilidad de hacer interpretaciones
quizá más globales2 |
 |
La
experiencia fundante de los orígenes |
 |
| La
experiencia fundante es, en la práctica, la experiencia espiritual
originada, fundamentalmente recapituladora, que se crea en el impacto
entre el fundador, con su carisma original, y la vida del primer grupo
de discípulos, con sus carismas personales, o bien el mismo
grupo primitivo puede ser fundador. |
|
En
el caso específico de los primeros carmelitas, tal experiencia
fundante se muestra como un proceso genético evolutivo que
se puede subdividir en tres períodos caracterizados por el
Propósito (propositum) por la Fórmula de vida (vitæ
formula) y por la Regla bulada, es decir, aprobada por el Papa mediante
una bula (Regula bullata).
El tiempo del Propositum, es el período in-mediatamente anterior
o siguiente a la intervención de San Alberto. Parece excluirse
que fuera un texto escrito. Más bien se considera el fruto
de un coloquio, o poco más, de los eremitas con el Patriarca
San Alberto, o lo obtenido en una o más visitas de Alberto
a los eremitas. Ciertamen-te, parece ser algo más que una
simple intención. El tiempo de la vitæ formula, que
constituye el corazón de la experiencia fundante, y tiene
como sujetos protagonistas a Alberto, B (rocardo) y el grupo de
los eremitas-hermanos. El tiempo de la Regula bullata, que va desde
1247 en adelante, puede considerarse como la forma estabilizada
del carisma e identidad del eremita-hermano del Carmelo, considerando
las correcciones y adiciones de Inocencio IV como específicamente
estructurales y profundizamientos sobre el modo de encarnar aquellos
valores que son el fundamento de la Fórmula de vida de San
Alberto.
Con el fin de excluir fantasías de todo tipo, digamos que,
en base a los estudios más acreditados y recientes, antes
de la III Cruzada (1187-1192), la total ausencia en las fuentes
de citas sobre los presuntos carmelitas, nos permite pensar en la
existencia de un grupo de eremitas pre-carmelitas en conexión
con la experiencia posterior, además de la simbólica
sobre el lugar. La localización del primitivo establecimiento
del grupo de eremitas en el Monte Carmelo en el Wadi’ein-es-Siah
y junto a la fuente, así como la tipología del grupo,
eremitas latinos, contribuye a excluir ulteriores hipótesis
de este tipo3.
La única y primitiva intervención con los eremitas
latinos del Monte Carmelo la realizó Alberto Patriarca de
Jerusalén, en una fecha no precisada entre 1206 y 1214. Tal
intervención, delineada por la tradición del Carmelo4
y por el mismo texto de la Fórmula de
vida, consiste en haber reunido en un único grupo de eremitas
(in unum collegium congregavit), en haberles dado una fórmula
de vida (scribens eis regulam) y en la estructuración del
lugar y de los parámetros de vida del grupo.
Partir de otros datos sobre los orígenes de los Carmelitas
forma parte de la leyenda, si bien cargada de un simbolismo que
no hay que olvidar, pero que ha de ser reconocido como tal, y al
cual dar su lugar exacto en la globalidad de la experiencia fundante
de los orígenes. |
|
 |
| Los
valores de la ‘Vitæ formula’ y ‘Regula Bullata’ |
 |
Aceptando
la estructura del texto en la subdivisión de un prólogo,
dieciocho capítulos y un epílogo, tal como aparece
en los textos legislativos vigentes en la Orden5,
se pueden ver los siguientes valores que constituyen el núcleo
central, el corazón del carisma del Carmelo.
1º.
Cristocentrismo
El Cristocentrismo es un aspecto que aparece evidente como hilo
conductor de todo el texto, desde el Prólogo al Epílogo:
“In obsequio Jesu Christi vivere debeatis” (tenéis
que vivir en obsequio de Jesucristo). Los eremitas hermanos son
invitados a encontrar las raíces y el sentido global de
su vida en la experiencia cristiana e histórica del seguimiento
de Cristo (sequela Christi) como una ley común a todos.
El texto de la Vitæ formula es, pues, una memoria actualizada
del seguimiento fiel y generoso de Cristo. Eso equivale a decir
que el grupo de eremitas (colleguium fratrum) del Carmelo tuvo
siempre ante sí el ejemplo de Cristo (exemplum Christi),
el cual enseña con la palabra y la vida, (cap. 18), que
está en el centro de la celebración diaria (cap.
10) y del encuentro semanal (cap. 11), que guía al camino
anual (cap. 13). Es Cristo quien acompaña al eremita-hermano
en la soledad, con su ley (cap. 7), juzga el obrar con su presencia
(cap.16, 18, Epílogo), y es la fuerza misteriosa que sostiene
la acción (cap. 14). Es siempre él, el Cristo que
vendrá al final (Epílogo), pero que viene cada día.
Muchos autores hoy están de acuerdo, que esta dinámica
de la vida de Cristo, para los eremitas-hermanos del Monte Carmelo
es un imperativo del que no se puede prescindir.
|
|
| 2º
Fraternidad eucaristía-índole eclesial
El sujeto-objeto
protagonista del proyecto de vida elaborado por San Alberto es el
collegium fratrum, es decir, el grupo de eremitas hermanos constituidos
en unidad, como personas que aceptan un proyecto común en
una convivencia estable y en una relación interpersonal que
respeta los espacios del individuo y del grupo, tanto desde el punto
de vista estructural como desde el nivel más propiamente
espiritual. Hay en el texto un itinerario continuo de fraternidad,
una red de relaciones que con el paso del tiempo se irá desarrollando
cada vez más con las distintas intervenciones pontificias.
De hecho, San Alberto, al dirigirse a los eremitas, utiliza siempre
el término frater (hermano) después de su saludo,
tanto para el prior (cap. 17) como para los demás miembros
del grupo (cap. 3, 5, 9, 11 y 18). El Prior, como primus inter pares,
(primero entre iguales) es el guardián de esta fraternidad.
De hecho, su celda se coloca a la entrada del eremo (cap. 6) y es
elegido entre los miembros del grupo mediante “el acuerdo
unánime de todos o de la mayor y más sana parte”
(cap. 3). Otro momento expresivo de esta fraternidad es la asignación
de las celdas, que tiene lugar “sea por disposición
del prior, sea por acuerdo de los hermanos o de la parte más
sana” (cap. 3). Pero el momento más expresivo e importante
de la fraternidad es la Eucaristía cotidiana. La prescripción
convenire debeatis (deberéis reuniros) además del
movimiento centrípeto, hacia el cual todos los eremitas-hermanos
han de ir cada día, es el factor predominante de expresión
estructural del grupo, donde éste se reúne para manifestarse
en cuanto tal, convirtiéndose además en el vértice
expresivo de su unidad (cap. 10).
La Eucaristía cotidiana es una nota particular, quizá
la única observancia original en la óptica de una
espiritualidad eremítica de aquel tiempo. Puede expresar
igualmente la índole eclesial, junto con otros elementos,
de la experiencia de vida de los primeros carmelitas, es decir,
su vínculo con la Iglesia madre de Jerusalén, que
se concretará con la adopción del rito Jerosolimitano
o del Santo Sepulcro. Otra forma institucional que junto con la
Eucaristía, muestra esta fraternidad en acto, es la reunión
dominical o cuando es necesario, que estructuralmente luego se delineará
como capitulum, aunque el texto no use tal término. En este
lugar expresivo de la verdadera fraternidad se trata de la observancia
de la vida común y del bien espiritual de las almas, pero
también de la corrección de las faltas, a subrayar
el modo: con caridad (cap. 11). Esta es la manera más adecuada
para manifestar una fraternidad unida por el vínculo de un
mismo proyecto e ideal, para una vida en obsequio de Jesucristo.
Desde esta óptica no se tiene que obviar la prescripción
del cap. 9: “Ningún hermano diga que algo es de su
propiedad, sino tenedlo todo en común”. Ponedlo todo
en común, incluso los bienes materiales, a ejemplo de la
primitiva comunidad cristiana de Jerusalén, es la manifestación
concreta de este único cuerpo que es el collegium fratrum.
Este y otros aspectos conducen al desarrollo de una “espiritualidad
de comunión”, o a “un convenir en el amor”.
La Regula bullata respecto a la Vitæ formula, en una de sus
adiciones más llamativas, prescribirá también
que se hagan las comidas en común refectorio (cap. 4), así
como la recitación de las horas Liturgia. |
|
3º
Primado de la palabra, silencio-soledad, oración
La Fórmula
de vida de San Alberto comunica un proyecto de vida concebido y formulado
por una persona en la que moraba abundantemente la palabra de Dios
y que propone otro tanto a los eremitas-hermanos. La Palabra aparece
como una dinámica de crecimiento en Cristo, tanto individualmente
(cc. 7,14,17,18) como en cuanto grupo. La Palabra de Dios edifica
al eremita-hermano como miembro de una fraternidad, con un método
de interiorización en la meditación y en el corazón,
en la mente y en las obras. La Palabra constituye la energía
vital del eremita-hermano en cuanto escucha la de Dios (cap. 7), oración
(cap. 8), vida vivida (cap. 9, 10, 14-18), celebración (cap.
10), caridad (cap. 11). Por tanto, permanecer en la Palabra es la
tarea que el eremita-hermano del Carmelo quiere desarrollar en su
camino de seguimiento.
Modelado por la Palabra, cada hermano hace de ella su sabiduría
vital “noche y día”. Esta interiorización
de la Palabra requiere un cierto clima y actitud de silencio (cap.
16), ya que cultus iustitiæ silentium est (el silencio es culto
de la justicia). Esta dinámica pedagógica del silencio,
tendente a un uso sapiencial, tiene un significado profundo para el
eremita-hermano del Carmelo el cual inspira su vida en esta actitud
de silencio como concentración en sí mismo, y encuentro
con los demás en Dios. No se permanece en la soledad, sino
que se vive el silencio-soledad como dimensión interpersonal
de sí mismo, es decir, de respeto, quietud, equilibrio, armonía
hacia los demás. El proceso de San Alberto de vivir die et
nocte in lege meditantes (meditando día y noche en la ley del
Señor) va acompañado por el et in orantibus vigilantes
(y velando en oración) (cap. 7). En este texto de la Vitæ
formula se basa la constante tradición espiritual de los carmelitas,
que ve en la dimensión de oración continua una cierta
vocación a la misma vida mística. Esta vida de oración,
a la que el eremita-hermano del Carmelo se ha de dedicar, brota de
una respuesta existencial a la palabra meditada y hecha propia. Orar
ha de convertirse en hacer propia la forma Eclesiæ. |
|
4º
Penitencia, trabajo, pobreza
El Monte Carmelo,
como lugar inspirador de vida penitente, se refleja con su simbolismo
en el combate espiritual que el eremita-hermano debe entablar (cap.
14) en una praxis penitencial que forma parte de su proyecto de
vida. La Vitæ formula requiere específicamente el ayuno
y laabstinencia en gran parte del año litúrgico (cap.
12-13), pero siempre con sobriedad porque la necesidad no tiene
ley. Ellas, con la pobreza, indican una ‘tensión’
puesta en relación con la resurrección del Señor,
para indicar un camino pascual de liberación de todos los
falsos ídolos que aprisionan al hombre en el deseo de poseerlo
todo.
En estos valores o axiomas6
se puede reconocer, aunque inadecuadamente, el carisma del Carmelo
como don del Espíritu Santo a su Iglesia, secreto vital evidenciado,
formulado, reconocido y llevado a una nueva síntesis por
San Alberto Patriarca de Jerusalén y que ha permanecido intacto,
pero, al mismo tiempo, se ha renovado en el paso de la Fórmula
de vida (Vitæ formula) a la Regla bulada (Regula bullata)
y en todos los pasos ulteriores de los cerca de ocho siglos de existencia
de los carmelitas, durante los cuales sigue fecundando su vida. |
|
Vincenzo
Mosca, O. Carm.
Revista Carm. HOREB-ITALIA
VERSIÓN: Juan Gil, O. Carm. |
 |
1
Recordemos sobre todo: C. CICCONETTI, La regola del Carmelo. Origine-naturaSignificato,
Roma 1973; E. Frierman, The Latin Hermits of Mount Carmel. A study
in Carmelite origins, Roma 1979; B. SECONDIN, La regola del Carmelo.
Per una nuova interpretazione, Roma 1982; K. WAAIJMAN, De Mystieke
riunite van de Karmel. Een intleg van de karmel regel. Kaampen,
Kok-Gen, 1995; A. BALLESTRERO, Alla Fonte del Carmelo, Torino 1996.
(Subir)
2 Véase nuestra investigación
interdisciplinar: V. MOSCA, Alberto Patriarca di Gerusalemme. Temepo-Vita-Opera,
Roma 1996.(Subir)
3 Cf. J. SMET, The Carmelites,
reviset edition. DARIEN III, 1988, vol. I. (Subir)
4 A. STARING, Medieval
Carmelite Heritage. Early reflections on the Nature of the order,
Roma 1989. (Subir)
5 Cf. Constituciones de la
Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del
Monte Carmelo,Roma 1996, pero el texto aquí recogido es una
vieja traducción de 1971, llena de errores. Es mejor la que
se contiene en Las Carmelitas. Regla-Constituciones-Directorio,
Roma 1990, pp.13-22. (Subir)
6 Sobre estos valores son
muy buenas las actas de algunos congresos: AA. VV. La Regla del
Carmelo hoy, en Cuadernos carmelitas, 2-3 (1987) pp. 3.2150 AA.
VV. Albert’s Way, Barrinton-Roma 1989. (Subir)
ARRIBA |
|