Cuando se visita Roma, la Ciudad
Eterna por antonomasia, una de las visitas obligadas es la del famoso
Coliseo, un anfiteatro romano cuya construcción se inició
en el año 72 justo donde se elevaba una colosal estatua de
Nerón (de ahí su nombre), junto a la majestuosa Domus
Áurea de dicho emperador.
En el centro mismo del anfiteatro está clavada una gran cruz
recordando a los mártires cristianos que allí entregaron
sus vidas en testimonio de su fe. Pues, bien, esa famosa cruz tan
conocida por todo visitante fue colocada por nuestro venerable Padre
Paoli quien, desde el cercano templo de San Martín ai Monti
(Curia Generalicia de los Carmelitas durante siglos), erigió
un vía crucis que terminaba en el centro mismo del Coliseo,
donde colocó tres cruces de las que sólo una queda
en pie. Todos los años el
Viernes Santo el Papa hace su recorrido desde el mismo Coliseo como
punto de partida, pero hacia los Foros Romanos.
Francesco, que así se llamaba
de nombre, nació en 1642 en un caserío cercano a Fivizzano
en el Noroeste de Italia. Su madre le inculcó desde muy niño
una tierna devoción a la Virgen, devoción que se acrecentó
cuando ésta murió, ocupando su lugar la Madre de Dios
en el corazón de aquel niño que nunca perdió
la inocencia. Un día, junto con su hermano Tomás,
llamó a las puertas del Carmen en Fivizzano para ser admitidos
como religiosos; transcurrido el tiempo de prueba ambos hermanos
son enviados al Noviciado de Pisa donde profesan el día 18
de diciembre de 1661. Francesco ha trocado su nombre por el de un
santo carmelita, San Angelo de Sicilia; ahora se llama Fray Angelo
Paoli. Se sabe que junto a sus compañeros de curso hacen
estudios de filosofía en el mismo convento de Pisa y de teología
en el Carmen de Florencia. Consta que durante sus años de
estudiante, a semejanza de San Juan de la Cruz, se las arregló
con permiso de sus superiores a fin de poder vivir en el más
retirado y pobre cuartucho que había en el convento donde
se retiraba "sin ser notado" a una vida de total entrega
al estudio, a la oración y a la penitencia. Por oficio le
correspondió el de enfermero, dedicándose en alma
y cuerpo al servicio de los enfermos.
Fue ordenado de sacerdote en 1666
y muy pronto se distinguió por un apostolado a favor de los
más pobres y menesterosos. Nombrado Maestro de Novicios ejercitaba
a sus pupilos en la práctica de la caridad visitando asilos,
hospitales y orfanatos a fin de que conocieran de cerca las pobres
miserias humanas y se sensibilizaran en ello. Su lema era el siguiente:
"Quien ama a Dios debe buscarlo siempre entre los pobres y
los enfermos".
En 1687 es llamado por el Prior
General P. Pablo de San Ignacio a fin de que formara parte de la
comunidad de la Curia Generalicia en San Martín ai Monti
en calidad de Maestro de Novicios; tres monedas de oro le dieron
para el largo camino hasta llegar a Roma, las tres que entregó
a los primeros pobres que halló al paso, continuando su trayecto
de varios días pidiendo limosna. Una fecunda etapa le espera
en la Ciudad Eterna; 32 años de vida entregada a la caridad:
dos hospitales, el de mujeres y el de hombres, estaban a su cuidado
junto a San Juan de Letrán.
Desde príncipes a embajadores,
desde simples sacerdotes a eminentes cardenales, todos acuden al
P. Angelo en busca de su prudente consejo porque, como hombre de
Dios, en todo acertaba. El mismo Inocencio XII le ofreció
la púrpura cardenalicia, honor que desestimó porque,
de esta forma, "no hubiera podido atender a los pobres como
éstos se merecían", dijo.
Y ejerciendo la caridad murió
en 1720. En este grabado, publicado en nuestra centenaria revista
en septiembre de 1911, así se nos muestra: da limosna en
nombre de Jesús a quien hace dirigir la mirada y las intenciones
como el Único Dador de todo bien. Su largo proceso de canonización,
iniciado tres años después de su muerte, aún
no se ha concluido. Varios de sus fíeles a quienes dirigió
hacia la santidad ya están canonizados. El Venerable Paoli
espera su glorificación terrena sin prisas, como fue su propia
vida.
ISMAEL MARTÍNEZ CARRETERO, O. CARM.