De
todos modos, no hay que considerar el escapulario como
si fuera un amuleto o un objeto mágico, sino como
manifestación de una devoción interna por
la que creemos que Dios nos salva y nos concede su gracia
por medio de la Virgen María a quien prometemos
nuestra fidelidad como hijos suyos.
El
Escapulario, como don de María, debemos recibirlo
y llevarlo con amor, con gratitud y con alegría:
Tenemos una Madre cariñosa que vela por sus hijos.
Pero según el mismo Directorio citado, la imposición
del Escapulario “se debe reconducir a la seriedad
de sus orígenes: no debe ser un acto más
o menos improvisado, sino el momento final de una cuidadosa
preparación, en la que el fiel se hace consciente
de la naturaleza y de los objetivos de la asociación
a la que se adhiere y de los compromisos de vida que asume”.
Es decir, para recibir el Escapulario es imprescindible
que haya una catequesis previa, aunque sea breve. Una
ocasión propicia para hablar del Escapulario es
la predicación durante la Novena del Carmen, como
vienen haciendo los carmelitas hace años, y en
la que generalmente hay imposición masiva del Escapulario.
Francisco
A. González Cerezo, O. Carm.