La Madre Teresa de Calcula murió el cinco de Septiembre del año mil novecientos noventa y siete, coincidiendo con el primer aniversario de Santa Teresa de Lisieux, la Santa Carmelita por la que ella tomó el nombre y cuya espiritualidad de amor y entrega compartió.
Hablar de la Madre Teresa de Calcuta es adentrarse en un mundo lleno de amor hacia Dios y el prójimo y afirmar nuestro reconocimiento auténtico a esa gran mujer por su labor a favor de los menos favorecidos de la sociedad.

Su espiritualidad no nace por arte de magia; su personalidad y comportamiento no es fruto de una acción momentánea o de un impulso solidario ante un problema, que surge en su camino, sino de un profundo convencimiento fruto de una espiritualidad anclada en el amor a Dios a ejemplo de Teresa de Lisieux, la santa enamorada de Cristo Jesús, que emprendió el camino de la santidad, basado en la ciencia del amor, cuyas características son el encuentro amoroso con Jesús y su inmolación por amor a los demás para evitar los dolores de Cristo crucificado por amor a los hombres.

 

La madre Teresa de Calcuta, que vivió la glorificación de esta joven carmelita por los años mil novecientos veinticinco, calca en su vida esta sencilla espiritualidad y enamorada de Cristo, del Sagrado Corazón de Jesús, no se encierra en un convento de clausura, sino que sale a las calles para mostrarnos el amor a Dios y su afán de mitigar los sufrimientos que los hombres le causamos a Aquél que por amor se hizo hombre como nosotros y murió en la Cruz. Se cuenta en su vida que un día “vio la cara de Jesús y decidió entregarse totalmente a Cristo, ya que su rostro

SIGUIENTE PÁGINA »»