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TEMA DEL MÉS |
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Hay una serie de cuestiones en la sociedad actual que debemos plantearnos para ver si hay posibilidad de cambio o si, por el contrario, hay que mandarlo todo al baúl de los recuerdos, porque sólo su planteamiento nos produce, cansancio, aburrimiento y hastío.
¿Nos planteamos el terrorismo y cualquier acto de violencia o miramos a otra parte para dar de lado a nuestro posible compromiso?
¿Hacemos caso del problema de la injusticia, junto con los problemas del hombre, la miseria, el desequilibrio del tercer mundo o también los olvidamos porque irritan nuestra sensibilidad de personas dignas, poderosas, que viven con toda clase de lujo y confort?
¿Es necesario tener en cuenta las organizaciones mundiales Manos Unidas, el foro social europeo, las ONG, la FAO, la OMS, que ponen al descubierto la situación agonizante del tercer mundo o miramos a los poderes de los Estados, a las grandes empresas multinacionales, a los grupos financieros o al Fondo monetario internacional, que sólo figuran como impulsores de una economía, que da lugar a un mayor desequilibrio entre ricos y pobres?
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Cuando vemos los grandes problemas de la humanidad, las situaciones a las que están sometidos pueblos, naciones, continentes, cuando el drama se debate entre la luz y la oscuridad, entre la miseria y el confort, entre el odio y la solidaridad, cuando los grandes reportajes, con imágenes reales un mundo dentro de la miseria, testigos fidedignos de la lucha por la supervivencia, por su dignidad, por su vida, nos mandan mensajes de solidaridad con esas miradas cautiva doras y con esos rostros hundidos por el hombre, con millones de personas que piden una mano amiga, parece que miramos a otra parte para no ser testigos de ese mundo indefenso, porque perturba nuestra conciencia de personas dignas y ponen en entredicho ese mundo de comodidades y placer en el que vivimos. Nunca queremos mirar de frente, porque posiblemente, se nos caería la cara de vergüenza por nuestra actitud negativa. |
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La verdad de toda esa historia es que en este proceso histórico actual hay que encontrar un camino hacia la unión y la felicidad de todos los pueblos, pues no podemos estar toda la vida jugando, por una parte con el diálogo, esperanza, amor y justicia y por otra parte, con violencia, guerras, odios, desequilibrio e injusticia, junto con promesas siempre incumplidas.
Sin querer hacer un estudio científico, sabemos que el principal problema para este encuentro es el poder económico con sus características señas de identidad: riqueza, beneficios, bienestar.
Se ha
propiciado una cultura enormemente consumista hasta el punto de convertirnos en esclavos de las modas que impone la propaganda. Lo que, en principio, es una fuente de riqueza para la producción y distribución de los bienes materiales, para la satisfacción de las necesidades humanas, se ha convertido en una especie demoníaca capaz de aniquilar todo motivo de esperanza en los pueblos subdesarrollados, aumentando la inflexible ley del poder de las organizaciones internacionales, que lo controlan todo, produciendo una desigualdad social jamás soñada.
Sin duda alguna, que nos podemos preguntar hacia donde vamos, o mejor, hacia donde nos conduce este poder tan grande y qué participación pueden tener los países pobres cuando el desarrollo de la vida económica tiende a mitigar las desigualdades sociales y no lo hacen.
Sabemos que los Estados o Países, fuertes económicamente, son los que organizan el mundo conforme a sus intereses económicos, políticos y también militares. Su fuerza es tan grande y su poder tan amplio, que se atreven a convertir al resto del mundo en marionetas que bailan al compás de su poder, de sus caprichos o intereses. |
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Así observamos en el mundo las enormes contradicciones y los abusos que se producen con los más desfavorecidos del mundo. En el orden económico sólo unos pocos gozan de una renta suficiente para mantener un nivel de vida adecuado a las exigencias de lujo o confort, que establece la sociedad. La riqueza se ha concentrado en unos pocos, mientras, que la mayoría de los países se han empobrecido o han bajado su nivel de vida.
Algunas estadísticas sorprenden por la sobreabundancia de riquezas en algunos sectores sociales. Uno de los datos tomados del «Informe sobre el desarrollo humano», afirma que «la fortuna de las tres personas más ricas del mundo superan el producto nacional bruto total de cuarenta y ocho países, menos avanzados, que cuentan con seiscientos millones de habitantes. Los datos son suficientemente explícitos para ver la desigualdad económica producida por la concentración de poder.
De este poder queda en entredicho, además de la «ética o el orden moral», que implica esta acumulación de capital, la poca participación o distribución del mismo. Podíamos decir, partiendo de datos estadísticos, que no existe ni «ética», «ni sentimientos», ni el más mínimo interés en preocuparse por los demás, en solucionar los problemas acuciantes de miles de personas, que vagan por ahí desesperados por la miseria y el subdesarrollo.
Tenemos un corazón de piedra incapaz de sentir la más mínima sensibilidad ante tantos problemas. Correlativo a esta situación están «las grandes organizaciones internacionales», la ONU, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional» que se muestran a favor de los intereses de los actores públicos y de algunos agentes privados. Estos engendran una serie de empresas que lo dominan todo. Su influencia de poder significa que sólo les interesa el dinero, los beneficios, recortes salariares y ampliación de horas de trabajo. |
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