TEMA DEL MES
REFLEXIONES SOBRE LA SEMANA SANTA
REFLEXIONES SOBRE LA SEMANA SANTA
1. Lectura de la Pasión
Leyendo la narración de los evangelistas sobre la Pasión de Jesucristo te encuentras sumergido en un mundo, donde se unen el dolor de los sufrimientos físicos, con el amor profundo de Cristo a la humanidad. Se pasa desde la soledad más absoluta en el Huerto de Getsemaní, hasta la muerte más ignominiosa y la Resurrección más gratificante.
Los pasajes evangélicos relatan los momentos de paz y tranquilidad de Cristo en la última cena, unidos a los trágicos momentos camino del Calvario.
Los pensamientos de Cristo pasan desde la amistad ofrecida a Judas, el traidor, hasta su testamento de amor a toda la humanidad, pasando por los sufrimientos camino del Calvario.
Su pasión ha iluminado al mundo con su mensaje de amor. Todas las cosas están revestidas de la luz de Cristo y el hombre, en particular, ha recibido el perdón y la reconciliación.
La pasión de Cristo, desde el huerto de Getsemaní, hasta el Calvario, es la culminación de la misión recibida de Dios-Padre. La muerte de Cristo inundó de claridad a toda la humanidad con su Resurrección.

2. Impresión de la Pasión de Cristo
Cuando recordamos los momentos de la Pasión de Cristo parecemos niños pequeños balbuceando los hechos, pero quedando ensimismados en su contemplación, sin llegar a comprender la fuerza de todos los acontecimientos.
Los hechos contra Cristo, acusación, traición, negación de sus discípulos, burla de Herodes, desprecio de Pilatos, irresponsabilidad de la muchedumbre, la humillación de los azotes, la coronación de espinas, la crucifixión, se presentan, por parte de los acusadores, con odio y desprecio fuera de todo contexto humano y Cristo, por el contrario, presenta un mensaje de paz y tranquilidad, que resume el cumplimiento de la voluntad de Dios-Padre y su amor a la humanidad. Esta historia de Cristo ha recorrido toda la historia del hombre y ha levantado sentimientos de asombro, de amor, de reconciliación, de gracias a Cristo por su comprensión hacia la humanidad.

3. Sentimientos sobre la pasión
La historia de la Pasión de Cristo ha sido objeto del teatro, de la pintura, escultura, de la poesía, de estudios profundos de la literatura, del cine, presentando aspectos, que han elevado nuestros sentimientos a la contemplación de la belleza, de su gran misterio y despertando sentimientos de amor, de compasión, y de indignación hacia la humanidad.

Los cristianos creemos, que Cristo es el protagonista del amor más grande a la humanidad, que con su pasión y resurrección, nos liberó del pecado y dio un sentido profundo a nuestra vida. Caminamos hacia Dios con el pensamiento puesto en el misterio más grande de la humanidad.
Los pensamientos de todos estos acontecimientos exponen la fuerza de su mensaje y los sentimientos que despiertan en el corazón del hombre.
La primera sensación la experimentamos, la noche de la traición, una noche sombría, sin luna, sin estrellas, en soledad y abandono, incluso de Dios-Padre. Las palabras de Cristo resumen todos sus sentimientos. “Padre si es posible pase de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Cristo está solo, angustiado, sudando sangre, en medio de su dolor. Solo ante Dios y los hombres. Cristo supera el reto más intenso, que un hombre puede experimentar en su vida, sentirse solo y caminar adelante con seguridad y decisión.

La Pasión de CristoEn este momento, olvidándose de su propia soledad, se dirige a sus Apóstoles, los testigos de su vida y les reprocha, con dulzura, el abandono en el que lo han dejado. ¿No habéis podido orar conmigo una hora? Es una queja de amargura pero también de comprensión hacía sus discípulos, que se sienten agotados. El huerto de Getsemaní nos presenta el rostro más humano de Cristo. Es momento de pensamientos tristes, sentidos en la frialdad de la noche, lejos de todos, con una oración angustiada a Dios-Padre recordando siempre a los suyos.

La reunión con los Apóstoles en la cena tuvo sentimientos encontrados de amor y de traición. Una cena donde abriste tu corazón, nos regalaste tu compañía para toda la vida y al mismo tiempo, nos distes tu testamento “amaos como yo os he amado”. Sólo hay un triste episodio, la traición. “Ardientemente he deseado celebrar este momento con vosotros”. Comienza la tradición judía de celebrar la Pascua. Cristo reunido con sus Apóstoles. Era la hora de la amistad, de las confidencias. Los acontecimientos del pan partido y la copa pasada de mano en mano, de boca en boca, como signo de un recuerdo para la posteridad. Todavía tenía, Cristo, en los labios, el sabor de la copa y el aliento llevaba el olor a pan fresco, aún sentías el calor del amigo, que se acercaba descansando su dolor y pena sobre tu pecho, cuando te vistes obligado a decir las palabras más amargas, que han salido de tu boca, “lo que tienes que hacer hazlo ya”. Salió el traidor y se consumó la amarga y triste traición.
Un poco antes tuviste el valor de dejarnos la Eucaristía, tu permanencia con nosotros y el gesto de amor del lavatorio de los pies. Todo un Dios postrado a los pies de sus Apóstoles dándonos el último testimonio de amor, de servicio y de amistad.

Los artistas nos han dejado todos estos recuerdos plasmado en lienzos, que nos acompañan, en la reunión de amigos, en la celebración pública de nuestra fe, en la celebración del pan y del vino. Las palabras de Cristo, su testamento han quedado grabadas en el corazón de todos los creyentes. “Amaos unos a otros”. “Haced esto en memoria mía”. Se selló un nuevo pacto con la humanidad, con la Eucaristía. Jesús se nos dio totalmente.

La última cena, como todos los pasos de tu pasión, han sido objeto especial de los artistas, dejándonos unas secuencias inolvidables de su dolor y de su amor.

4. Los acontecimientos de la pasión
Los cristianos creemosDespués de esta celebración comienza tu verdadera Pasión. La simple lectura de los hechos nos abruman, porque parecen salidos de la boca y del pensamiento de fieras humanas, sin corazón, ni sentimientos, hacia la persona, que había convivido con ellos dándoles, amistad, compasión, amor y curando todo tipo de enfermedades.

Después de un largo recorrido entre la traición en el huerto de Getsemaní, la prisión, las negaciones de los discípulos, acusación ante Pilatos, la presentación ante Herodes, después de sufrir las mayores afrentas, que se pueden hacer a una persona, se burlaron de ti, te maltrataron, te vendaron los ojos, jugaron contigo a las adivinanzas, te abofetearon y al final te escupieron en la cara, te azotaron y te coronaron la cabeza de espinas como a un malhechor.

Tu paso hasta el Calvario está lleno de injurias, por parte de la muchedumbre y también de amor hacia algunas mujeres, que lloraban por ti. En la agonía hubo el acto más sublime de tu amor “Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”.
“Hoy estarás conmigo en el Paraíso, le dijiste al buen ladrón”.

5. Nuestra deuda con Cristo


Después de estos tremendos sufrimientos vino la crucifixión y muerte. Cabe, por nuestra parte, una reflexión en esta Semana Santa, para corresponder al inmenso amor que nos ha dado.

No te apartes de mi ladoSomos deudores de tu amor a la humanidad, a todos nosotros. Estoy asombrado de tu amor y creo en ti por los terribles dolores, que han testimoniado tu amor hacía mí, porque has sido hombre entre los hombres, luchando con la muerte, como nosotros, comprendiendo la tristeza y los dolores de nuestra humanidad, dándonos ejemplo de esperanza y señalándonos, que tu eres la vida y el sendero, que da sentido a la vida y se la entregas a los hombres, que caminan solitarios sin saber por qué, ni para qué, ni a dónde. Solo sin remedio.

Tú nos convocas y sabes, que cambiamos de pensamiento y olvidamos fácilmente el amor, que nos has dado, incluso, queremos que te vayas de nuestro lado y te olvidamos con frecuencia. Somos como niños pequeños, olvidados de las caricias maternales y entregados a las cosas fáciles, que nos ofrecen los hombres de signo progresista, vacíos de pensamiento, que quieren romper mi historia, nuestra historia, tu historia. No te apartes de mi lado Jesús de la historia y pon en mis pensamientos, valores de vida, que no encadenen mi corazón y rompan tu paso por mi vida.

Creo en ti, sudando sangre, angustiado por la tristeza, temblando el corazón, lleno de dolor y miedo en el huerto de Getsemaní, cuando sentías tu soledad, abandonado de tus amigos, olvidado de Dios. Tu tristeza me lleva a ti, a confiar en ti, porque me enseñaste, que a pesar de tu soledad, la tristeza, el abandono, hay que tener fortaleza para llevar acabo la misión encomendada. Tu rostro está cubierto de sudor, de sangre, pero tu mirada me reconforta porque miras de frente, es serena y tranquila, ofrece paz y serenidad y me miras con amor.

Recuerdo tus azotes atado a la columna, otro paso duro en tu camino hacia la muerte y creo en ti, doliente hasta la muerte, en lucha constante con esos pasos tremendos de dolor, lleno de llagas, por la crueldad del juicio contra tu persona. Contemplando tu imagen siento escalofríos, tu imagen es una nueva ventana en la que apareces mostrando las heridas de los azotes, con la cabeza inclinada hacia abajo y el cuerpo semidesnudo en el que se pueden ver las heridas causadas por los verdugos llenos de odio y orgullosos de lo que están haciendo.

La Semana SantaEn esta lucha abierta hacia la muerte me siento unido a ti. Tu cuerpo ensangrentado por los azotes, me reviste de fortaleza ante las adversidades, que se experimentan y ante las injusticias de los hombres.

Sigo mi oración ante los pasos de tu Pasión y me encuentro con la mayor osadía de los hombres, la coronación de espinas. Con ramos de espino trenzan una corona y la colocan en tu cabeza. Las espinas se clavan en la carne y pronto comienza a correr sangre por los cabellos, la frente y la cara. En la mano derecha te colocan una caña y empiezan las burlas “salve Rey de los judíos”. Eres humillado, despreciado y ridiculizado. En este estado eres presentado al pueblo que pide tu crucifixión.

Las esculturas, que hoy contemplamos de los pasos de tu pasión, atado a la columna, coronado de espinas, expresan la barbarie de aquellos sayones, que además de las burlas, te azotaron cruelmente.
Tu rostro lleno de sangre, con lo ojos ensangrentados, hundido bajo el peso del dolor simbolizan la fuerza de tu amor, con el corazón abierto al Padre, porque en tu vida su plan sobre ti es tu proyecto, la búsqueda del hombre perdido en las sombras de la vida.
Cuánto te ha costado y te cuesta la salvación del hombre. Siempre encontramos en ti una puerta abierta, tu corazón, para abrazar a todo hombre, que se acerque a ti humilde y arrepentido.

A partir de aquí comienza tu verdadero calvario, tu vía crucis, hasta llegar el momento de la Crucifixión. No hubo perdón ante la justicia humana y tu vida terminó en la Cruz pidiendo perdón por los que te crucificaron.

6. Oración de acción de gracias

La Semana Santa es el momento propicio para la oración, la reflexión sencilla y serena. Todos los pasos de Cristo hasta la muerte nos unen en su lucha con la muerte. Vemos a Cristo con el corazón dolorido por amor al hombre, porque ha querido abrir las puertas de su corazón al mundo entero. A pesar de que nuestra oración, contemplando todos los pasos de su pasión, nos llenan de tristeza, nos recompensan, porque tu dolor nos conduce a la salvación. No me extraña que el hombre, recordando todo este proceso de tu pasión, no encuentre paz en sus pensamientos/ e intente escapar como fantasmas/ cansado del río de la historia/ e intente escoger pensamientos nobles/ romper su monotonía/ dar vida a su existencia/ acercarse al dolor de tu dolor/ y a la armonía de tu amor/.

Creo en ti, porque eres fiel, creo en ti, porque tienes el corazón dolorido por el amor al hombre, porque has abierto tu corazón al mundo entero. Creo en ti, Cristo Jesús, porque, con el corazón dolorido, nos has abierto las puertas de tu vida.

Alrededor de esta reflexión, quiero cerrar los ojos y buscar en silencio, tu cansancio, tu dolor y tu amor. Quiero estar contigo y experimentar en mi oración todo el misterio de tu pasión. Quiero, como decía Santa Teresa de Jesús, vivir y sentir contigo todos los pasos de tu Pasión y estar alegre con tu Resurrección y triste con todos los pasos de tu sufrimiento y dolor.

Tus brazos abiertos en la cruz, tu perdón a todos los hombres, tu aceptación al ladrón arrepentido, el regalo de tu madre, abre nuestra vida a la alegría de tu Resurrección y de mi Resurrección. La noche oscura ha cambiado las tinieblas en la luz del nuevo día, lleno de alegría y de esperanza.

7. Los cristianos celebramos la resurrección

El domingo de Resurrección es la fiesta más importante para los católicos porque en ella adquiere sentido toda la Religión. Con la Resurrección, se celebra la resurrección de todos los creyentes. El núcleo de la predicación del cristianismo es la muerte y resurrección de Cristo y este mensaje transformó a los primeros Apóstoles, dio sentido a su vida, perdieron el miedo y dieron su vida como testimonio de la Resurrección. Sería absurdo morir por algo que es falso. Alrededor de la Resurrección se realiza hace dos mil años la Evangelización del mundo.
Cristo Jesús, al terminar esta reflexión, sobre la Semana Santa, te doy gracias, porque tu sufrimiento y tu dolor, abre un nuevo horizonte para la vida y un nuevo sentido para la muerte.

A partir de todo tu misterio de muerte y Resurrección, podemos andar con esperanza, pues la muerte, no es el fin del mundo, sino el medio para encontrar en Dios-Padre nuestro destino final.

Felices Pascuas de Resurrección con Cristo Jesús, que nos amó y nos dio nueva vida.

José G. Palma, O. Carm.

Rogamos a cada uno