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TEMA DEL MÉS |
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Con frecuencia cuando leemos los periódicos o vemos algunos informativos nos asustamos de la sociedad en la que estamos viviendo y a la que nos asomamos todos los días, con la tranquilidad que nos da el decir en nuestro interior que todo es natural, que son cosas de los tiempos que corren y que no pasa absolutamente nada.
Pero lo que ocurre realmente es que hemos llegado a unos niveles de pasividad, de desconcierto, que nos inmoviliza para tomar decisiones ante los acontecimientos que presenciamos continuamente. |
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Los datos de la violencia de género, por ejemplo, son dignos de las epopeyas de maldad más características de la historia.
Las acciones contra la mujer son un espectáculo con imágenes, que van desde el aborto provocado, hasta las injurias, los maltratos y muertes, pasando por las barbaridades de las mafias contra la dignidad de las personas.
Los casos de violación de mujeres ya no pertenecen al ámbito privado; se cometen públicamente, con total impunidad, sin que nadie se comprometa a ayudar a esas personas. Una actitud pasiva, fruto del conformismo, a que nos están sometiendo fuerzas activas de la sociedad.
Dentro de estas situaciones conflictivas nos encontramos con casos que abruman el panorama social donde debe reinar la paz y la reconciliación.
Momentos importantes para un estudio pueden ser todos los crímenes contra las personas: maltrato de niños, apaleados, abandonados, olvidados o matados. El clamor, de parte de la sociedad, opta por proclamar el derecho del niño a la vida, a la educación, a la formación, a la familia, pero, por otra parte, choca, con el muro de silencio, que pone la sociedad aceptando leyes infames y actuaciones sociales, contrarias a la dignidad del hombre. |
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Sopló el viento de guerra en la mañana calurosa del mes de Julio y nos levantamos con la guerra de Israel y Líbano.
Un conflicto que está destruyendo gran parte de las ciudades y matando a miles de personas, sin medir las consecuencias.
Las guerras han cambiado el corazón del hombre, que siempre ha deseado la paz, y le han cambiado sus sentimientos más íntimos convirtiéndolos en deseos de guerra, de aniquilación, sustentados por el egoísmo, el odio entre países. Las naciones, que controlan a esos países, se mueven pesadamente y llegan a acuerdos, en última instancia, cuando todo está en situaciones límites y obligados o bien por sus conflictos internos o por fuerzas externas.
Esta guerra del Próximo Oriente está acabando con la paciencia de todos y durante sus incesantes bombardeos están muriendo miles de personas. La historia se repite, con relativa frecuencia, y los actores son siempre los mismos, personas o Estados llenos de odios, intereses políticos, terrorismo. Todo está sobre la mesa, para ser sometido a un estudio profundo, que desarme las hostilidades e imponga la paz en todos los pueblos.
No se puede conseguir la paz con estas palabras «Pido a Dios que aliente el celo de los musulmanes y elimine a Estados Unidos e Israel, proclamaba, por su parte, lleno de ira, el jefe de los para militares Guardianes de la Revolución.
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Junto a estos acontecimientos, las noticias diarias de más crímenes cometidos sin sentido y sin causa aparente.
Tan frecuentes son estos casos, que no nos atrevemos a reseñarlos, a buscar las razones, las causas o las motivaciones, que producen esos efectos tan negativos, porque, posiblemente, nos lleven a un siquiátrico para comprobar el estado de equilibrio que existe en la humanidad y no nos gustaría ver los resultados.
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También estamos viviendo momentos difíciles ante la inmigración que está cambiando todo nuestro sistema de valores, atacando nuestro valioso concepto de humanidad y poniendo en entredicho nuestra convivencia.
Nos asomamos todos los días con los complejos problemas de los emigrantes. Lo primero que nos pasa por la mente es cuánta miseria tienen que estar pasando esas personas en sus países de origen cuando se arrojan al mar en una aventura de muerte para conseguir una forma de vida mejor. Inmediatamente después, ante la avalancha descomunal, que se está produciendo, nos preguntamos cómo vamos a vivir en nuestro país y cómo vamos a solucionar todos los problemas de habitabilidad, de convivencia, de estabilidad, de trabajo, de seguridad.
El problema se está planteando, con gran crudeza, olvidando las circunstancias de esas personas y nuestro sentido de humanidad, porque supone un gran problema para nuestra convivencia y nuestro futuro. |
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| El dilema es profundo porque tenemos que escoger entre el rechazo a esas personas o nuestro posible bienestar.
Por mucho egoísmo, que abunde en nuestra sociedad, todavía nos queda un poco de solidaridad o compasión para pensar y ver que el rechazo no es digno del hombre a pesar de las circunstancias negativas que nos rodean.
Pero es necesario, imprescindible, buscar una solución. Las reuniones con la UE parece que están dando resultado, admitiendo una mayor solidaridad, concediendo fondos europeos y una legislación comunitaria basada en una política de cooperación, una repatriación adecuada y rápida y control de las fronteras.
En otros niveles la sociedad no puede resistir los cambios bruscos que se están imponiendo en contra de los más elementales signos de convivencia a los que por cultura y tradición estamos acostumbrados.
No se puede pisotear ni las creencias de un pueblo, ni la educación o los problemas generales de una nación en beneficio de un sistema de Estado partidista, que quiere imponer en contra de la generalidad del pueblo, sus propias convicciones y aspiraciones.
Esto nos lleva a repetir el consabido problema de la irresponsabilidad, de la permisividad y del relativismo moral, causas de la inestabilidad de toda una nación. De aquí deriva, en gran parte, todos los problemas, que hemos señalado.
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