Cuando el hombre tiene sueños es capaz de poner en juego su vida por lograrlos, porque tiene la esperanza en un Dios Amor como eje de su vida y de sus sueños. Pero cuando ese Dios deja de ser su centro, el hombre se hace dueño de si mismo, le da la espalda a Dios, comienza a perderse, a no encontrar su sitio, a no aceptarse, a no entender la historia, a las personas, ni el sufrimiento, y desaparecen así sus sueños y sus esperanzas.
Este hombre sin sueños y sin esperanzas comienza a desconfiar de todo y de todos, va aislándose poco a poco, hasta entrar en una etapa de soledad profunda en la que no se siente amado ni comprendido y como un gusano cualquiera, comienza a tejer su propio capullo para protegerse de los demás.
No es nada gratificante vivir la dolorosa experiencia de esta soledad amarga, de esa noche oscura que parece no tener fin y de la que no es posible salir, realidad que siempre quisiéramos tener lejos de nosotros, pero por la que todos pasamos en algún momento de nuestra vida.
Cuando el hombre tiene sueños es capaz de poner en juego su vida por lograrlos, porque tiene la esperanza en un Dios Amor como eje de su vida y de sus sueños. Pero cuando ese Dios deja de ser su centro, el hombre se hace dueño de si mismo, le da la espalda a Dios, comienza a perderse, a no encontrar su sitio, a no aceptarse, a no entender la historia, a las personas, ni el sufrimiento, y desaparecen así sus sueños y sus esperanzas.
Este hombre sin sueños y sin esperanzas comienza a desconfiar de todo y de todos, va aislándose poco a poco, hasta entrar en una etapa de soledad profunda en la que no se siente amado ni comprendido y como un gusano cualquiera, comienza a tejer su propio capullo para protegerse de los demás.
No es nada gratificante vivir la dolorosa experiencia de esta soledad amarga, de esa noche oscura que parece no tener fin y de la que no es posible salir, realidad que siempre quisiéramos tener lejos de nosotros, pero por la que todos pasamos en algún momento de nuestra vida.
Frente a esta realidad aparecen depredadores de la soledad humana ofreciendo instrumentos para contrarrestarla, vendiendo la cultura del ocio, del tiempo libre, de la diversión; aparecen grupos de terapias, surgen todo tipo de especuladores pseudoreligiosos que intentan solucionar el problema, pero en el fondo, todos utilizan la soledad de los demás para ganar dinero, y al final, no la eliminan, sólo la ocultan y la agravan.