TEMA DEL MÉS

Cuando el hombre tiene sueños es capaz de poner en juego su vida por lograrlos, porque tiene la esperanza en un Dios Amor como eje de su vida y de sus sueños. Pero cuando ese Dios deja de ser su centro, el hombre se hace dueño de si mismo, le da la espalda a Dios, comienza a perderse, a no encontrar su sitio, a no aceptarse, a no entender la historia, a las personas, ni el sufrimiento, y desaparecen así sus sueños y sus esperanzas.

Este hombre sin sueños y sin esperanzas comienza a desconfiar de todo y de todos, va aislándose poco a poco, hasta entrar en una etapa de soledad profunda en la que no se siente amado ni comprendido y como un gusano cualquiera, comienza a tejer su propio capullo para protegerse de los demás.

No es nada gratificante vivir la dolorosa experiencia de esta soledad amarga, de esa noche oscura que parece no tener fin y de la que no es posible salir, realidad que siempre quisiéramos tener lejos de nosotros, pero por la que todos pasamos en algún momento de nuestra vida.

Cuando el hombre tiene sueños es capaz de poner en juego su vida por lograrlos, porque tiene la esperanza en un Dios Amor como eje de su vida y de sus sueños. Pero cuando ese Dios deja de ser su centro, el hombre se hace dueño de si mismo, le da la espalda a Dios, comienza a perderse, a no encontrar su sitio, a no aceptarse, a no entender la historia, a las personas, ni el sufrimiento, y desaparecen así sus sueños y sus esperanzas.

Este hombre sin sueños y sin esperanzas comienza a desconfiar de todo y de todos, va aislándose poco a poco, hasta entrar en una etapa de soledad profunda en la que no se siente amado ni comprendido y como un gusano cualquiera, comienza a tejer su propio capullo para protegerse de los demás.

No es nada gratificante vivir la dolorosa experiencia de esta soledad amarga, de esa noche oscura que parece no tener fin y de la que no es posible salir, realidad que siempre quisiéramos tener lejos de nosotros, pero por la que todos pasamos en algún momento de nuestra vida.

Frente a esta realidad aparecen depredadores de la soledad humana ofreciendo instrumentos para contrarrestarla, vendiendo la cultura del ocio, del tiempo libre, de la diversión; aparecen grupos de terapias, surgen todo tipo de especuladores pseudoreligiosos que intentan solucionar el problema, pero en el fondo, todos utilizan la soledad de los demás para ganar dinero, y al final, no la eliminan, sólo la ocultan y la agravan.

Al hablar de la soledad nos referimos a ese vacío interior absoluto donde desaparecen las alternativas, los caminos; donde la vida, el trabajo, la familia, el futuro, incluso Dios, deja de tener sentido.

Es un miedo profundo que no permite que te veas a ti mismo ni aceptarte como eres, que te incapacita afectivamente, no solo contigo, sino con los demás.

Frente a este estado anímico de soledad es importante no asustarse, porque a todos nos toca vivir esta etapa con mayor o menor intensidad. La clave es no huir, sino entrar en contacto con ella y descubrir en medio de ella una pequeña llama casi imperceptible que se resiste a apagarse, pero que está ahí: es la presencia de Dios en el interior de cada persona y que siempre ha estado ahí; es una luz insignificante en medio de una inmensa oscuridad, y conforme nos acercamos a ella la percibimos con más nitidez, pero al alejarnos de la misma, la penumbra se hace más y mas profunda.

La noche causa miedo, porque estamos solos y nos hace ver la realidad rodeada de sombras e incertidumbres, llevándonos a percibir lo negativo, las limitaciones, los fracasos, los errores, las incomprensiones y las infidelidades. Si nos acercamos a la luz de nuestro interior descubriremos a Dios en ella, y cada paso hacia esta luz supone una mayor iluminación y una salida paulatina hacia la claridad del día que nos permitirá ver la realidad con ojos distintos, pero sobre todo, se podrá ver al Dios con que hemos vivido y vive dentro de nosotros amándonos.

El camino hacia Dios es el sendero de la debilidad, de encontrarnos y aceptarnos como somos; es la gran novedad del Evangelio, donde Dios siendo lo máximo se hizo pequeño y vulnerable. Desde ahí nos salva, nos libera, nos transmite el fruto de su existencia pobre y fracasada: la Vida Eterna, la Felicidad para todo el que cree.

En este camino que nos lleva a Dios hay mucho sufrimiento que nos remite a lasoledad, pero que tiene su origen en la incapacidad para reconocer nuestras limitaciones, fallos y pedir perdón. Pero cuando se encuentra el coraje para sacarlos a la luz y confesarlos, aquello que nos atormenta, que nos avergüenza o nos hace sentir culpables, produce en la persona cambios radicales cuyo fruto es la recuperación de la aceptación de sí mismo y la adhesión a Dios.