TEMA DEL MES
VIII ANIVERSARIO DE LA REGLA DEL CARMEN
1. Revolución del sistema educativo

Graves problemas de educaciónEstamos acostumbrados a que todos los problemas los solucionen los demás, las Instituciones públicas, las Asociaciones, el Gobierno, los políticos de turno, los sindicatos y apenas nos damos cuenta de que en la sociedad hay problemas, que forman parte de nuestra vida, de nuestra familia y tenemos la obligación de preocupamos y tomar decisiones que pueden cambiar el destino de nuestra vida y de la sociedad y la de nuestros hijos.

Uno de los graves problemas planteados hoy día es la Educación, porque nos afecta directamente y ante la que tenemos obligación de tomar decisiones para no sentirnos atrapados por nuestra inoperancia y negatividad.

Desde casi el principio de la democracia el sistema educativo ha sufrido distintas modificaciones que progresivamente y por desgracia para todos, han ido deteriorando los contenidos de las distintas materias, ha disminuido el nivel de exigencia de los alumnos, el fracaso escolar ha aumentado y la violencia en los centros y la falta de respeto hacia los profesores es algo normal. Estos distintos planes de estudio se han ido aceptando sin que la sociedad o las diversas instituciones implicadas hayan participado activamente en esos cambios o modificaciones.

El Bachillerato antiguo, de principios de la democracia, y años posteriores, gozaba de buena salud. Era un Bachillerato consolidado, aceptado por todos y en el campo de las optativas, con la doble opción de Ética y Religión que convivían pacíficamente, sin mayores problemas, pero, por lo visto, no cumplía con las expectativas buscadas en el tiempo y vinieron los distintos cambios hasta nuestros días con las consecuencias que todos conocemos.

2. Eliminar la Religión

Aparte de los problemas creados posteriormente en el orden de los contenidos, la Religión siempre ha estado presente en es-tos cambios con el deseo expreso, por parte de los legisladores, de eliminarla junto con to-dos los valores que lleva consigo. En todos estos años se han intentado, como objetivo prioritario, eliminar la Religión.

Se comenzó por poner en relación; como optativas, la Religión y la Ética. No dio el resultado apetecido porque las estadísticas demostraron la preferencia de la religión en la opción de los alumnos. Poco después se intentó otra reforma y la base era la desaparición o disminución de la Religión hasta el punto de dejarla en la práctica sin optativa, o mejor dicho, como optativa tomó cuerpo el ajedrez, el recreo o el parchís.

Hasta este extremo llegaron las mentes, prodigio del Ministerio de Educación. En nuestros días sigue el deseo de eliminar la Religión poniendo todos los elementos posibles para que sea una realidad. Con la finalidad de conseguir esos objetivos, para obtener mejores resultados, introducen la regulación del Estatuto del profesor de Religión y la nueva asignatura “educación, para la ciudadanía’’.

El Gobierno, respecto al estatuto de los profesores de Religión, abre un nuevo frente con la intención de poner en entredicho a la Iglesia y disminuir su influencia en la sociedad. En la discusión sobre el Estatuto se pretende quitar autoridad a los Obispos en su derecho a elegir a los profesores y disminuir sus competencias hasta el extremo de no aceptar o respetar los acuerdos con la Santa Sede y obligar, de alguna manera, a la Iglesia a acudir a los tribunales de Justicia.

Actualmente no hay nada concreto sobre el Estatuto, ni sobre las clases de Religión, ni respecto a la optativa y así seguiremos indefinidamente hasta que llegue el momento oportuno para suprimir la Religión.

3. Educación para la ciudadania

En este mismo sentido se ha inventado, dentro del plan de estudios, la asignatura de «Educación para la ciudadanía», obligatoria para todos los alumnos, amparándose en la necesidad de una educación cívica necesaria, sin hacer caso de las protestas surgidas por esta amenaza institucional, y sin aclarar que lo que pretende realmente es dar una formación moral conforme a sus objetivos y a su ideología. Esta asignatura, en los diversos ciclos curriculares, tiene unos bloques formativos, que van desde organizar las relaciones con el entorno social, hasta dirigir los sentimientos y emociones respecto a los problemas de la sociedad, influyendo de una manera descarada en la formación moral de los alumnos por vía del decreto.

Lo más importante es que esta asignatura quiere transmitir una serie de conocimientos que permita manejar a la ciudadanía, pero, sobre todo, desea educar en comportamientos a la medida de sus objetivos sociales. Esto, que estamos diciendo, no se puede afirmar de esta manera, pues nos obligaría a confesar públicamente, que es imposible, que esto suceda en un estado de derecho, en una democracia.

Sin embargo, es posible, porque saben presentarlo bajo los signos de «Educación progresiva», solidaria con los valores de justicia y libertad», y «respeto a los derechos de los demás», pero olvidando voluntariamente la segunda parte, que es la formación de los sentimientos, valores y actitudes de los alumnos según sus propios y únicos criterios.

En el común sentir de gran parte de la sociedad la implantación de esta asignatura produce miedo porque la consideran algo semejante a la asignatura del «Espíritu de formación nacional» en el régimen de la Dictadura. Por esta razón se han movilizado en su contra profesores de filosofía y otras asignaturas. Asociaciones de padres de familia, Organizaciones de colegios privados y lógicamente la Iglesia. Pero todas las protestas son inútiles y caen en el vacío por la irresponsabilidad de esta clase política que gobierna.

La realidad es que la mayoría de los contenidos de esta nueva asignatura se confunde con los de la Ética, que en los planes actuales se imparte como asignatura obligatoria en algunos cursos. Si esto es así nos preguntamos ¿Por qué una nueva asignatura? ¿Por qué no se mantiene la Ética como optativa a la Religión, como en los planes de los primeros años de la democracia y de este modo los alumnos pueden escoger entre una formación, estrictamente fundamentada en valores humanos y de comportamiento y otra opción religiosa, como formación relacionada con las creencias de los alumnos y con el humanismo cristiano?

La asignatura, que nace por imperativos categóricos, tiene unas características especiales necesarias para mantener el control de la educación por el Gobierno actual y eliminar, a largo o corto plazo cualquier tipo de influencia de la Religión en la mente de los niños y los jóvenes.

Esta nueva asignatura, nacida sin el necesario consenso de todos o de la inmensa mayoría, tiene la oposición de un numeroso grupo de profesores de la enseñanza, que los convierten en «educadores sexuales» invirtiendo su papel de formadores y están en contra de los padres de familia, que ven en ella una intromisión inadmisible y arbitraria del Estado en la formación moral de los alumnos, de sus hijos. A estas actitudes se unen todos aquellos que se consideran discriminados o postergados por esa asignatura, que prescinde de los valores religiosos connaturales al propio hombre, o, al menos, de personas, que consideran el valor religioso necesario para su vida, como es la Iglesia y otras Instituciones.

FamiliaVeo que la importancia de la formación de una educación en valores sociales, humanos, de convivencia, de solidaridad, es necesaria. La ética ya cubría, con creces, esta perspectiva humana en la formación de los alumnos. Lo que no entiendo es por qué es necesaria otra formación paralela y tampoco entiendo, por qué no se aceptan otras opciones necesarias para el bien común de una gran parte de la sociedad. Hay otras opciones que afirman que la introducción de esta asignatura y sus condiciones pone en entredicho el papel de la familia o de toda una sociedad debido a todos los antivalores, que están vigentes en nuestro entorno y que impone modelos o comportamientos ajenos a toda autoridad, orden, justicia, solidaridad, marcados por «el permisivismo» que marca su criterio en el modo de ser y comportarse.

Ciertamente que debe existir una educación cívica, si no queremos convertir nuestra convivencia en una auténtica selva, pero esto no puede ser dirigido por el Ministerio de Educación, sino que es una «tarea social» en la que todos debemos tomar parte y no sólo los profesores nombrados ad hoc y con una visión partidista. Deben existir otras opciones alternativas, que den una visión más plural y estén comprometidas con la libertad, creencias y respeto a la dignidad de las personas. Siempre, a no ser en Dictaduras, los valores para una convivencia, han sido aportados por la familia, la escuela, la Religión o la no Religión, dependiendo de la situación personal de creyente, ateo o agnóstico.

4. Iglesía, educación y objeción de conciencia

¿Alguien ha pensado que los valores que la Iglesia Católica siempre ha defendido están en contradicción con una ética laica? La Iglesia siempre ha estado a favor de la solidaridad, la justicia, la libertad, la dignidad de las personas, la lealtad, el respeto, la ayuda a los más débiles. Lo que me pregunto es si esta nueva asignatura defiende esos valores sin ir en contra de la pluralidad de criterios y sin atacar otras opciones, como la religiosa. Todos sabemos, por la experiencia que estamos viviendo, que no.

Si la Religión, la Iglesia, defiende estos valores y no va en contra de nadie ¿por qué tanto empeño en eliminar la Religión del ámbito de la educación y de la sociedad?
La asignatura «Educación para la ciudadanía» choca con el derecho de los padres a educar a sus hijos, supone una imposición totalitaria de valores, supone una coacción a los niños desde edades tempranas, vulnera, a la familia y con ella se está socavando lo más básico del hombre e imponiendo como obligatorio lo que nunca se debe aceptar, la dictadura sobre las conciencias de las personas.

Educación cívicaApoyados en estos criterios se convoca por la Iglesia, por los Padres a una «objeción de conciencia» para impedir que sus hijos estudien dicha asignatura. Esta oposición es necesaria, imprescindible, pues además de las condiciones negativas para la educación, sabemos que es un frente abierto del Gobierno socialista para menoscabar la libertad de la Iglesia y limitar su capacidad de decisión, saltándose a la torera los acuerdos con la Santa Sede. La Comisión permanente del episcopado anuncia que se disponga de todos los medios legítimos de oposición, entre ellos el de la objeción de conciencia. Esta actitud es necesaria pues frente a esta imposición no «caben posturas pasivas, ni acomodaticias».

La Conferencia episcopal «está plenamente decidida a dar la batalla para que no se implante esa asignatura tal y como la ha concebido el Gobierno» y explican, con claridad, «que se pueda, recurrir a todos los medios legítimos para defender la libertad de conciencia y de enseñanza que es lo que está en juego». Hace una llamada a los Padres y centros educativos a emprender una acción contra este proyecto educativo muy cercano al ideario estatalista de las viejas dictaduras en las que el poder público se erige en educador moral y dicta la formación de las conciencias violando los derechos de los padres.
El Estado puede promover el estudio y la reflexión sobre el ordenamiento constitucional pero otra cosa bien distinta es que se inmiscuya en el adoctrinamiento ideológico.

Lo más nefasto de esta asignatura es, que impone los criterios propios del relativismo y de la ideología de género, obliga a asumir una visión del hombre contraria a la verdad, desestructura la identidad de la persona y se hace eco del laicismo excluyente símbolo de la sociedad actual.

Estaríamos dispuestos a respaldar una asignatura obligatoria que enseñe los derechos humanos, la Constitución, las leyes, las Instituciones del Estado y las normas básicas de convivencia y respeto a los demás. Nunca apoyaremos una materia de educación moral por parte del Estado. Esta asignatura debería estructurarse como alternativa a la enseñanza de la Religión con la finalidad de dar sentido a las distintas opciones que existen en la sociedad.

Estas o parecidas palabras forman parte de las reivindicaciones sociales más importantes, que no están de acuerdo con el planteamiento del sistema educativo, porque conocen, que se está implantando el proyecto laicista, se está imponiendo la comprensión atea de la existencia y que existe un proyecto de erradicar nuestras raíces cristianas y un proyecto laicista en el que Dios no cuenta. Todo lo referente a Dios da paso a una sociedad sin tradición, sin referencia religiosa, con una cultura e historia mediatizada con un pie en el materialismo y el otro en el relativismo, afirmando, como válido, sólo la voluntad y el deseo del hombre.

5. La objeción es un derecho

La solución a este problema sería fácil. Sería suficiente que la asignatura “Educación para la ciudadanía” tuviera, como contrapartida, la asignatura de la Religión en igualdad de condiciones. Pero esto no se acepta por las instancias superiores porque pierden la posibilidad de quitar la Religión de la mente y del corazón de todo hombre.

Después de todo lo expuesto queda claro que se debe presentar una “objeción de conciencia” a esta asignatura porque supone una intromisión en el derecho a la enseñanza y la libertad de los padres a escoger para sus hijos lo que consideren oportuno.

La verdad es que la «objeción de conciencia» está en marcha a través de los padres de familia, del Foro español de la familia y de otras organizaciones ante la insistencia del Gobierno en aplicar y hacerla obligatoria para todo el mundo sin excepción alguna. Todos los ciudadanos y todas las Instituciones tienen que cumplir la ley y respetar las Instituciones democráticas.

Los que invitan y llevan a cabo la «objeción de conciencia» afirman «que no es una desobediencia a la ley», sino el ejercicio de un derecho amparado por la misma Constitución y reconocido como tal por la abundante jurisprudencia del Tribunal Constitucional y además porque la asignatura «introduce objetivos, materia y criterios, que afectan a la formación moral de los alumnos», y desplaza el derecho de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos.

En el fondo de todo este planteamiento subyace la lucha entre dos formas de cultura, que la sociedad actual plantea, sin llegar a una conclusión y mantienen una postura ambivalente, causa primera, de esta situación anómala.

Objeción de conciencia

6. Buscando soluciones

Si queremos buscar una solución tenemos que estar amparados por una claridad de mente o de pensamiento, que dé sentido a nuestra existencia. El problema entraría en una fase definitiva sí fuéramos capaces de coordinar, para una convivencia pacífica, entre laicidad y Religión, entre secularización y aspectos sagrados y entre fe y razón.

Bajo nuestro punto de vista creo que hoy día hay que superar el antagonismo existente entre dos formas de pensar y establecer una armonía o, por lo menos, una convivencia leal y pacífica, sin modelos excluyentes, que sirva para unir y no para separar.
El hombre no puede huir de sí mismo y de su historia. Ha nacido con Dios, bajo la mirada de la trascendencia y conoce que «afirmar a Dios es afirmar al hombre, su propio ser de hombre».

Sin embargo, conoce y sabe que la distorsión del hombre de Dios alcanza a grandes esferas de la sociedad, que hay que tener en cuenta y convivir con ese otro pensamiento sin tener miedo, aunque conocemos, por experiencia personal e histórica, que separar al hombre de Dios, apartarlo de los valores del cristianismo, reducir la fe del ámbito de lo privado e imponiendo una moral al margen de la Religión no constituye la panacea para establecer una relación amistosa y pacífica entre los hombres.

¿Es posible esta convivencia? La Iglesia está demostrando que sí es posible. Su postura es establecer un diálogo abierto para llegar a un entendimiento, confesando que todos deben buscar siempre las preocupaciones del hombre y no empeñarse en imponer una ideología a toda costa y crear una sociedad a su imagen y semejanza. Esto no se puede hacer sin chocar abiertamente con gran parte de la sociedad.

El problema que estamos analizando sobre esta asignatura entra dentro de esta preocupación pues está poniendo a la sociedad en pie de guerra por un problema ético de gran importancia en el orden social y personal: «El derecho de los padres a educar o el derecho de sistema público de enseñanza a transmitir valores éticos o de formación de la conciencia moral». Existe la necesidad de unos principios éticos, universalmente válidos, que deben existir en la enseñanza. ¿Quién debe inculcar esos principios? Los niños tienen el derecho a ser bien educados y esto le pertenece, según el derecho natural y la Constitución a los Padres, a la familia y consecuentemente, por una especie de delegación, corresponde al Estado y a la sociedad a velar para que se cumpla ese derecho de los Padres, pues de su cumplimiento se deriva unos valores y unas normas esenciales para nuestra convivencia y pacífica.

Estos presupuestos son necesarios y necesita una unidad o conformidad de la sociedad para que esto sea una realidad conforme con las necesidades y derechos de los alumnos y de las exigencias de los mismos padres en su formación. Dentro de esto, en su aplicación práctica, nunca debe haber divergencia y todos los alumnos deben sentirse identificados en su educación conforme a su cultura y a sus creencias.

No se puede marginar a la Religión, pues es un valor fundamental del hombre respetado y valorado por los derechos humanos, que reconoce el derecho a la libertad religiosa y de conciencia. Si este principio es verdadero no debe haber conflictos pues cada uno escogerá el tipo de educación más conforme con sus criterios y sus principios. Los que, a pesar de esto, defensores acérrimos de un laicismo excluyente, quieren marginar la Religión, tienen que saber que en una democracia esto es una auténtica barbaridad y que va contra la libertad de conciencia. No es concebible, que en una democracia, se apueste por un adoctrinamiento en el sistema educativo y se intente influir en la juventud. Nada más infame y negativo que la manipulación de las conciencias. Es la mayor dictadura que imaginarse puede.

Los Padres, la Iglesia y las diversas Instituciones preocupadas por el problema educativo no pueden, de ninguna manera, prescindir de esta responsabilidad. Deben vigilar escrupulosamente al Estado. Cuando se reconocen los valores universales y se tienen unos objetivos generales, de respeto, de libertad, sin duda alguna, que toda educación es bien recibida. El bienestar de la sociedad bien merece un esfuerzo de todos y reconocer que estamos dentro de una democracia.


P. José Glez. Palmas, O. Carm.