La veintitrés jornada mundial de la juventud está convocada para el mes de Julio del dos mil ocho en Sydney. El lema de esta jornada será "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos".
Esta jornada de la juventud, tan querida por los últimos Papas, necesita una preparación seria para que los jóvenes se sientan atraídos por la importancia del mensaje, por su participación prioritaria o protagonismo y por la llamada a desarrollar una misión importante para la Iglesia y el mundo.
El Papa, consciente de esta necesidad, sigue una catequesis lógica para que los jóvenes se sientan atraídos por un mensaje diáfano y claro ajeno a toda manipulación y aceptado libremente.
En el año dos mil seis incitó a los jóvenes a reflexionar sobre el "Espíritu Santo como Espíritu de verdad".
En el año dos mil siete lo presentó como "Espíritu de amor", que nos comunica con todas las personas para com-prender el mensaje de amor de Cristo a todos.
En el dos mil ocho el slogan es "Recibiréis el Espíritu Santo, Espíritu de fortaleza, que nos da fuerza para vivir el Evangelio y la audacia para proclamarlo”.
Estas tres verdades sobre el Espíritu Santo nos señalan un camino de "verdad" en el mensaje de Cristo, de "amor y esperanza" en el corazón de todos los hombres y de "fortaleza y audacia" para ser testigos en un mundo plural, complicado y encontrarnos, en la solidaridad, con los demás.
Por eso cualquier acontecimiento del Papa con los jóvenes y con todos, durante este tiempo de preparación es una llamada para acercarnos a Sydney, con los deberes hechos, con una conciencia clara del mensaje, con una reflexión sobre el Espíritu Santo, escuchando la palabra de Dios, tomando conciencia de su pre-sencia y una aspiración profunda a ser testigos de ese mensaje. El Papa sigue una trayectoria de Evangelización continuada animando y revistiendo a los jóvenes para una misión vital y necesaria para el futuro de la humanidad.
A principios del verano recibió a cinco mil jóvenes de Madrid acompañados de sus pastores. Un emotivo encuentro para todos y para el Papa, que presentó a Cristo, como la repuesta necesaria a la existencia de la persona, a sus inquietudes y a sus interrogantes.
En estas ocasiones, con motivo de la jornada de la juventud en Sydney el Papa hace un llamamiento a los jóvenes para que en sus comunidades y con los educadores reflexionen sobre el protagonista de la historia de la salvación, el Espíritu Santo.
En el encuentro realizado en el mes de Mayo en Asís, después de un afectuoso saludo, les expuso la azarosa vida de Francisco de Asís y cómo cambió su vida encontrando su centro en Cristo. Un ejemplo para muchos jóvenes, que desde su mundo un tanto conflictivo y con una vivencia desordenada y sin rumbo, pueden encontrar, basados en la misma filosofía de S. Francisco de Asís, su propio camino, mirando a Cristo y cerrando los oídos a los cantos de sirena que les ofrecen un mundo lleno de placeres.
Posiblemente el encuentro en Loreto con los jóvenes, fue el más significativo. Miles de jóvenes, del camino Catecumenal, recorrieron las calles anunciando el Evangelio con altavoces y compartiendo con todos sus experiencias.
Un Sacerdote comentaba que había estado confesando hasta las dos de la madrugada y su testimonio confirma el espíritu sincero de estos jóvenes. "Es muy bello que los jóvenes me busquen; han comprendido que la confesión es un encuentro con el Señor y muchos lo agradecen en estos días. Datos de este encuentro confirman no sólo la actitud positiva de los jóvenes sino la respuesta del Papa a todos sus interrogantes en un intercambio de intereses y de buscar conjuntamente la verdad junto a Cristo.
Las palabras del Papa transmiten un mensaje de ánimo para "que sean protagonistas de la sociedad". Este protagonismo está avalado porque "a los ojos de Dios cada uno de nosotros somos importantes" y con esta certeza tenemos que andar el largo camino de dificultades que nos presenta la sociedad.
Nuestro testimonio comprende todos los aspectos de la sociedad. Uno de nuestros testimonios ante el mundo es mostrar la familia como "la célula vital de la sociedad". Muchas veces ha hablado el Papa sobre la familia. En esta ocasión pone en sus palabras un aire de tristeza por las circunstancias negativas que inciden sobre ella "la familia se encuentra hecha añicos". Nuestro compromiso social es "invertir la tendencia y hacer que sea la célula vital de la sociedad, el lugar donde se enseña a vivir”.
Es cierto que esta tarea es ardua y difícil porque el sí de fidelidad y compromiso pronunciado en el matrimonio, se ha roto. El Papa sigue teniendo esperanzas porque, en lo más íntimo del corazón de los jóvenes existe el deseo de un amor que dé sentido a su porvenir.
Ante el mundo secularizado nuestro compromiso es dar testimonio de nuestra fe, de nuestra relación con Cristo, sin miedo, haciendo caso omiso de las dificultades que desde ese mundo nos están poniendo ya que nuestra fe se siente cuestionada por ideologías permisivas que siembran el relativismo en el campo moral y la aniquilación de todo aspecto religioso en el plano del conocimiento por ser nefasto para la formación de la persona

En muchos otros aspectos, como en el campo de la educación, de la Universidad, del campo científico o de la investigación, en el campo social o de relaciones sociales, nuestra actitud como laicos comprometidos debe hacerse sentir porque nuestra palabra y ejemplo es importante y forma parte activa de la sociedad.
El Papa, consciente de estos y otros problemas, en su comunicación con los jóvenes les dice “Id contra corriente”. Más de un millón de jóvenes escuchaban sus palabras, que los animaba a ser valientes y a no tener miedo, ante las imposiciones egoístas e interesadas de la sociedad.
El Papa conoce el ambiente social en el que los jóvenes viven. Los vaivenes de las modas imponen ídolos, que se caracterizan, por la arrogancia, violencia, éxito, placer, lucro, sexo y que son ofrecidos, como ofrenda agradable, apetecible, pero sus mensajes llevan signos inequívocos de destrucción. El Papa no se cansa de comunicarles el riesgo que suponen esos ideales del consumismo o del progresismo y les pide vigilancia, no tener miedo, a nadar contracorriente y a preferir la vía alternativa del amor verdadero, basado en un estilo de vida solidario y sincero, un paso adelante para protegerse de todas las corrientes conflictivas o como dice el Papa "os invito a prepararse para esa gran manifestación juvenil en Sydney con el propósito de construir un mundo mejor, más feliz, más justo".
El resumen de estos encuentros del Papa con los jóvenes es no sólo una lla-mada y preparación para la jornada mundial de los jóvenes en Sydney, sino también una catequesis profunda, que llene de esperanza e ilusión a todos los jóvenes y los prepare para responder a los problemas de su tiempo.
El Papa parte de una realidad histórica. Tenemos un modelo de vida secularizado que se centra "en la eficacia económica" que, según Pablo II "ha pasado de la tolerancia a una indiferencia, sin referencia alguna a Dios, teniendo como base un materialismo teórico y práctico".
Con estos presupuestos el Papa afir-ma, con insistencia, que "si se pierde la referencia a Dios, los conocimientos de la ciencia y el sentido de vida, que nos quieren imponer, pueden convertirse en una terrible amenaza”, llevar a la destrucción del hombre, del mundo y cuestionar seriamente el "futuro de la humanidad".
Benedicto XVI no se cansa de insistir en esta catequesis sobre la presencia del Espíritu Santo y lo presenta, ante la jor-nada mundial de Sydney, como el que nos da la fortaleza necesaria para "Ser testigos de la verdad".
El Santo Padre piensa en voz alta y su mensaje se caracteriza por recordar los orígenes de la Iglesia en el momento de Pentecostés y la misión desempeñada por los Apóstoles y las primitivas comunidades cristianas bajo la tuerza del Espíritu Santo, que nos impulsa a la unión con Cristo muerto y resucitado, a vivir la fe y a minimizar la influencia de ese mundo secularizado.
Esta creencia o esta fe aumentan con la práctica de los sacramentos, sobre todo, del Bautismo, Confirmación y Eucaristía en los que encontramos nuestro crecimiento espiritual, y el sentido pleno de nuestra vida. Estos sacramentos nos incorporan a una vida espiritual plena pues nos convertimos en "templos del Espíritu Santo" y como "fuente de vida" con la Eucaristía.
La práctica de estos sacramentos au-menta nuestro amor y, sobre todo, imprimen en nuestra vida la belleza de sentirnos miembros del Cuerpo místico de Cristo, llenos de paz, alegría, bondad, seguridad y con una misión que cumplir, "crear un nuevo Pentecostés" que nos asemeja a las primitivas comunidades cristianas y al mismo Cristo.
Esta misión la asumen los jóvenes, de cara al encuentro de Australia, con el convencimiento de que aportan una esperanza a una sociedad secularizada e incapaz de comprender esta actitud a pesar de que conocen que este proceso de Evangelización es difícil. Los jóvenes, conscientes de esa realidad, le presentaron al Papa sus preocupaciones y sus interrogantes más profundos sobre el sentido de la vida, cómo insertarse en el mundo moderno, marcado por numerosas y graves injusticias y sufrimientos, cómo reaccionar ante el egoísmo, la violencia y resumieron esas preocupaciones en esta pregunta: "Santidad, estamos, con frecuencia, sin historia, sin perspectivas y sin futuro. ¿Hay alguien o algo por lo que podamos ser importantes? ¿Cómo es posible esperar cuando la realidad niega todo sueño de felicidad, todo proyecto de vida?
Los planteamientos de los jóvenes son realistas y están preocupados por la soledad que experimentan, por las falsas soluciones que les ofrecen y que los pueden llevar a asumir situaciones anormales, anacrónicas, ridículas, violentas, acompañadas por las drogas, el alcohol, sexo. Estos ofrecimientos ocupan su tiempo, adormecen, en cierto sentido, ante la falta de otras perspectivas.
La respuesta está en conocer las posibilidades que tenemos a mano, aunque para esto tengamos que dar un giro de noventa grados. Parte del conocimiento de nuestra propia personalidad. Sigue por el conocimiento de que cada uno somos importantes. Cada uno de nosotros es conocido por Dios, que tiene un proyecto para cada uno. Podemos soñar, descubrir y realizar ese proyecto de Dios sobre nosotros. Somos importantes, protagonistas y hacedores de un mundo nuevo. Alguien cuenta con nosotros para seguir adelante a pesar de las dificultades. Esto es importante y bello.
En esta apasionante andadura debemos apoyarnos en la oración y unidos a María para llevar a cabo la esperanza y el amor que Cristo ha puesto en nuestros corazones.
La misión o el proceso de evangelización es difícil, pero el Papa confía en los jóvenes, como esperanza de un futuro mejor. Hay que recuperar las formas de vida que nos han ayudado a vivir, a formarnos, a seguir adelante. Cristo es el centro y la fuerza que nos empuja a ser sus testigos en el mundo.
El mensaje de Cristo nos abre a una vida nueva, las palabras del Papa nos conducen a caminos de paz, amor, esperanza y solidaridad y la misión a desarrollar nos indica que formamos parte importante del proyecto de Evangelización del Papa y de la Iglesia.
En nuestras manos está seguir el rumbo, que nos indica el Papa, en estos momentos preparatorios para la jornada de la juventud en Sydney y prepararnos para ser testigos de Cristo en nuestro mundo.
José G. Palma, O. Carm.
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