Con estas palabras calificó el papa Juan XXIII la obra del Hno. Roger Schutz en y desde Taizé. Era el verano de 1940 cuando llegó al pueblecito de Taizé. Tenía 25 años y se estableció en una colina de la Borgoña francesa para empezar una hermosa e importantísima experiencia de oración por la unión de todos los cristianos. Ahora hace 65 años.

Ahora, en la oración de la tarde, una mujer rumana, Luminita Solcan, de 36 años, salió del grupo de 2.500 jóvenes que asistían a la oración, se dirigió al Hno. Roger, sacó un cuchillo y se lo clavó.

Un joven español, presente en esa oración de la tarde, redujo a la mujer. Desde el suelo, la miró con ojos de perdón. El joven español decía que vio en sus ojos este gesto de perdón. Un periódico local dijo al día siguiente “el cielo lloraba sobre la colina”.

Más de 10.000 personas acudieron a decirle “adios” a este santo varón que dio un impulso decisivo al Ecumenismo, el Movimiento de Unidad de todos los cristianos. Como decía uno de los asistente a los funerales, “la historia de Taizé está tejida con la de muchos hombres y mujeres” el Hno. Roger ha sido el hombre capaz de tratar a cada uno como un ser único.

Cientos de historias de solidaridad que nunca serán publicadas, pero que estos días han vuelto a la colina de Taizé”.
El cardenal Kasper, enviado por el Papa, Benedicto XVI, a los funerales dijo de él: “ha sido uno de los grandes maestros espirituales y también padre espiritual de nuestro tiempo y ha transmitido una irradiación de amor y de esperanza en torno a él más allá de las fronteras y de las divisiones de este mundo”.

Decir Taizé es decir ecumenismo. Juan XXIII tenía razón, “Taizé fue una pequeña primavera para la Iglesia”. Juan Pablo II, después de visitar Taizé en 1986, dijo: “Se pasa por Taizé como se pasa cerca de una fuente”.

Hoy este lugar es una referencia internacional para multitudes de cristianos, especialmente jóvenes. Benedicto XVI en su reunión con los representantes ecuménicos de las Iglesias y comunidades llamó al Hno. Roger, “el gran pionero de la unidad” e hizo esta confidencia: “le conocía personalmente desde hace tiempo y tenía con él una relación de cordial amistad.

Con frecuencia me visitó y como ya dije en Roma, el día de su asesinato recibí una carta suya que me ha llegado al corazón”.