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SUYO AFECTISIMO

Juan XXIIIQuerido Juan XXIII:
Aunque ya nos hemos tratado en alguna ocasión por una devoción familiar heredada, me permito dirigirme a usted para pedirle una ayuda. Como usted sabe, pasamos tiempos difíciles, o quizás es que todos los tiempos lo son de algún modo. Es verdad que en nuestra sociedad hemos mejorado en muchos aspectos: en bienestar, en libertad, en logros sociales. Queda mucho por hacer, pero parece que la sociedad ha asumido ciertos valores positivos como algo ya irrenunciable.

También en nuestra iglesia hemos mejorado en muchas cosas: en libertad, en espontaneidad, en familiaridad. De muchas de estas cosas, permítame la confianza y sin querer herir su modestia, tiene usted algo de culpa. Pero también es verdad que nuestra sociedad tiene algunos defectos, o lacras, o -por qué no decirlo- pecados gordos.
Sigue habiendo hambre en el mundo; se sacrifica todo al placer; se elimina (ahorremos eufemismos) al que no produce, que suele ser el más débil (el no nacido, el anciano, el enfermo…); sigue habiendo guerras, algunas de ellas especialmente absurdas… y además nos estamos cargando el mundo y la naturaleza. En fin, que como puede ver, no faltan temas en los que la Iglesia debe decir una palabra de denuncia profética, aunque esa palabra no siempre caiga bien.

Bueno, pues aquí es donde viene el favor. En medio de esas situaciones, nuestra Iglesia, muchas veces aparece como algo impositivo, sin alegría, como una fábrica de anatemas, prohibiciones y negativas. Nosotros bien sabemos que esas negativas no son sino el reverso de la afirmación fundamental de la vida.
También sabemos que no faltan quienes -consciente o inconscientemente- deforman la imagen y la voz de la Iglesia. Pero también es verdad que a veces parece como si no supiésemos trasmitir una palabra de ánimo, de entusiasmo, de misericordia, de acogida, de ilusión, de positividad.
Como si nos faltase la frescura del evangelio. Hay cristianos que siempre que hablan de la sociedad, lo hacen para decir lo mal que está todo y, así, acaban cansando y pierden incluso esa fuerza profética. No se crea que ésto sea una cuestión de progresistas o conservadores, es un mal común en muchos ámbitos eclesiales. Y tampoco piense que es una mera cuestión de imagen, como si solamente pretendiésemos vender una enciclopedia o ganar adeptos o votantes… es algo más profundo.


Se le atribuye a un famoso filósofo la frase “Poca cara de redimidos les veo yo a éstos” (o algo así), refiriéndose a los creyentes. Es una frase hiriente y malintencionada que nos duele, pero que también nos interpela.
Usted ahora en la gloria sí que tendrá una cara llena de felicidad. Pero también la tuvo en esta vida y supo denunciar con cariño, advertir con alegría, corregir con amor y provocar entusiasmo. Pues eso, que desde el cielo nos inspire un poco para que sepamos “dar con la tecla” (que no es fácil).
A usted que ahora es oficialmente “beato” no le faltarán peticiones, algunas mucho más dramáticas que ésta. Déles prioridad. Pero no se olvide de ésta, hecha desde el cariño y la devoción de siempre.

Tuyo afectísimo.
FERNANDO MILLAN ROMERAL, O.CARM (1)

(1) El P. Fernando Millán Romeral, O. Carm., como ya saben nuestros lectores, ha sido elegido Prior General de la Orden Carmelita el día 13 de septiembre de 2007. Es hijo de la Provincia Bética. Inauguró esta sección “SUYO AFECTÍSIMO…” precisamente en el mes de septiembre. De una manera desenfadada, ágil y periodística deja correr la pluma en estampas encantadoras que son las delicias de nuestros lectores. Nos envió ya desde el principio un buen arsenal de originales que iremos publicando en nuestra revista con sumo gusto. En estos escritos se percibe el espíritu esperanzador, dialogante, optimista, valiente y bondadoso del P. Fernando. Dios y Nuestra Santísima Madre le acompañen en la nueva singladura de su vida.