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el símbolo de la plena comunión con la Iglesia. Se les pide que comprendan a los cristianos no católicos que respeten el hecho de que nosotros, según la tradición bíblicamente fundamentada, no es generalmente posible. Sin embargo, reconocen que, “en determinadas situaciones
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individuales, bajo condiciones precisas, es posible e incluso recomendadas”. Estas condiciones están expresadas claramente por el magisterio papal y por el Código de Derecho Canónico.
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Va dirigido a los
queridos hermanos obispos,
queridos sacerdotes y diáconos y
amados hermanos y hermanas.
Les dirigen el mismo saludo que Cristo |
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dirigió a los apóstoles: “¡La paz esté con vosotros!” Y después les desean: “¡Que el misterio de su muerte y resurrección os consuele y dé sentido a toda vuestra vida! ¡Que Él os guarde en la alegría de la esperanza!” (n.1).
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A continuación dicen que han rezado y reflexionado juntos sobre la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia (n.2). Y el diálogo les ha renovado la convicción de que la Sagrada Eucaristía no sólo anima y transforma la vida de nuestras Iglesias particulares de Oriente y Occidente, sino las múltiples actividades humanas en los diversos medios en que vivimos (n.3). La Eucaristía, recibida con frecuencia, se debe traducir en términos de vida. La persona eucarística no puede menos de ir transformando su vida, si no quiere inutilizar la fuerza de ésta. Y después hacen una invitación a la unidad de los cristianos: “Os invitamos a rezar con más fervor, hermanos y hermanas cristianos de todas las confesiones, para que llegue el día de la reconciliación y de la unidad plena visible de la Iglesia, en la celebración de la Santa Eucaristía” (n.3).
Dedican ante todo un recuerdo especial a las iglesias particulares en China, cuyos obispos no han podido unirse a sus trabajos por no haberlos autorizado el gobierno chino (n.4). Después hablan de que “ha sido un trabajo intenso de intercambios y testimonios sobre la vida de la |
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