Su paso por esta tierra fue corto, 1873-1897. Murió a los veinticuatro años. Su vida transcurrió dentro de un convento de clausura de monjas carmelitas, en Lisieux (Francia) dedicado a la contemplación y desde esta plataforma fue donde ella conoció y vivió el amor de Dios, “Dios es amor” y descubrió el amor de Dios a cada persona, “cada persona es amada por Dios”. Tan fuerte fue el lazo que estableció, desde su convento de clausura, con Dios y con los hombres, con el Cuerpo místico de Cristo, que fue elevada a los altares por su Santidad de vida, proclamada Patrona de las misiones, por su entrega a todos y Doctora de la Iglesia por su mensaje de amor y esperanza.
Teresa de Lisieux se presenta ante el mundo como una persona llena amor hacia Jesús, creadora de un camino de Santidad, cuyo fundamento es el amor y su entrega incondicional, bajo el signo de la infancia espiritual, cuyas características son el abandono en los brazos de Dios, consciente que su bondad acepta su pequeñez y le da la esperanza y confianza suficiente para esperarlo todo de Dios según sus propias palabras,
 
“si alguno es pequeño venga a mí”; “como una madre acaricia a su hijo así os consolaré yo... y os llevaré sobre mi seno y sobre mis rodillas os acariciaré”; su exigencia de entrega total y absoluta a la voluntad de Dios y su empeño de satisfacer la necesidad de amor, que Jesús manifiesta desde la Cruz.
Los rasgos, que caracterizan su andadura hacia Dios, son la confianza ilimitada en Je-sús; su sencillez, como expresión de su pequeñez, para llegar a la santidad; la humildad, como sinónimo de verdad, reconociendo sus imperfecciones y al mismo tiempo, consciente del amor misericordioso de Dios. Es curioso que, cuando los hombres nos empeñamos en alcanzar altas cotas de poder, ser personajes importantes, alcanzar los límites de la ciencia, conocer los misterios de Dios, dar so-lución a todos los interrogantes filosóficos y teológicos, una joven, llena de amor, nos diga, que su preocupación, no es crecer en categorías humanas, sino en permanecer pequeña, empequeñecerse cada vez más como un niñito, que duerme, si miedo, en los brazos de su padre”
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