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En
este otro grabado el Papa San Gregorio
intercede ante la Virgen
con sus conocidas "misas gregorianas". Las almas del Purgatorio portan,
unas el Escapulario y, otras, el
Rosario. |
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Así lo reconocía
San Vicente Ferrer: “ María es buena para
aquellos que están en el purgatorio”. De
esta convicción vienen también las famosas
misas gregorianas en sufragio de los difuntos. Todas
las órdenes religiosas también rivalizaban,
en cuanto a los medios de que cada una disponía,
a fin de remediar a las almas en la hora de la muerte.
A este propósito es esclarecedor un cuadro de
Mateo Cerezo que se exhibe en el Museo del Prado, donde
aparece la Virgen revestida precisamente con la capa
blanca carmelitana, intercediendo ante su Hijo por las
almas del purgatorio, en cuyo favor Santo Domingo muestra
el Santo Rosario y San Francisco el pan del que tantas
veces ayunó en penitencia.
Sin embargo, hay que reconocer que, en este aspecto, la devoción más
popular y, por tanto, más metida en el alma del pueblo,
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ha sido
la de la Virgen del Carmen mediante su santo escapulario,
a lo que contribuyó mucho la famosa ‘bula
sabatina’ con su privilegio, no sólo de
salir del purgatorio, sino el hacerlo al sábado
siguiente a la muerte, si como cofrade y devoto del
Carmen se observó en vida los requisitos y condiciones
para obtener tal privilegio.
Las Hermandades
del Carmen que llevaban anexa la devoción
del rosario, y cuyas festividades se celebraban con su
correspondientes rosarios de la aurora, son tan numerosas
que no es posible hacer una relación completa.
Algunas de ellas nacieron en el seno de los templos conventuales
de carmelitas, por ejemplo, la ‘Hermandad del Rosario
de Niños’, erigida en el Convento de San
Alberto de Sevilla, de que nos habla Ortiz de Zuñiga;
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Lo
mismo que en el tema del escapulario
de la Virgen lo entrega a San Simón,
aquí la Virgen entrega un
Rosario a Santo Domingo y a Santa
Catalina de Siena.
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