Las Trabajadoras Misioneras es un Instituto Religioso fundado por un sacerdote francés, el Padre Marcel Roussel en 1976. Ellas son vírgenes laicas carmelitas en el mundo, viven en espíritu de familia, entre hermanas de diferentes razas, en obediencia y pobreza, disponibles para ser enviadas a cualquier país. Enraizadas en la vida de amor a Cristo, dentro y a través del trabajo cotidiano, llevando en pleno mundo la luz de Cristo a la gente poco o no evangelizada, siguiendo el espíritu de Santa Teresita del Niño Jesús.
Su apostolado es santificar el mundo del trabajo y de las familias. Sus actividades son extensas. Algunas trabajan en restaurantes llamados “Eau Vive” (Agua Viva), recordando el pasaje de la samaritana. La Hna. Renée Prieur nos cuenta anécdotas de ese mundo de los restaurantes de “Agua Viva”, en la revista “Dans le Sillon Missionnaire”, revista de este Instituto Religioso.
Los comentarios cuando, al final de las comidas, las Hermanas Trabajadoras Misioneras invitan a sus clientes a hacer una oración, como éstos: “¡Oh! Sabe usted que tengo alergia a todo lo que es religioso, así que ¡no me hable del Ave María!” Otros: “¡Hace tanto tiempo que no rezo! ¡Años que no entro en una iglesia! Me pregunto cómo rezar con ustedes esta noche”.
Uno de los cantos con que estas Hermanas invitan a rezar a sus clientes es el conocido “Ave Ave Ave María”, que lo utilizan por ser muy conocido, incluso por aquellas personas para quienes la oración no es habitual. Un caballero preguntó desde la puerta del restaurante: “¿Por qué no haber tomado un Salmo que me parece representar una espiritualidad más moderna?” A lo que una Hermana le respondió: “Si deseamos que la gente cante y rece con nosotros, es preferible proponerles una oración a la que unirse con facilidad”...
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En el "Eau Vive" de Ouagandougou (Burkina Faso) |
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Hay otras razones que nos impulsan a cantar el Ave, en vez de otra oración: la Virgen en sus diversas apariciones, ha pedido siempre que se recite el rosario, que se diga el Ave. “Y nosotras estamos contentas de responder a su llamada, porque creemos que esta oración le llega al corazón y la invita a distribuir muchas dádivas espirituales a cuantos le rezan”. El Padre Marcel Roussel y las Trabajadoras Misioneras han tenido que hacer un gran acto de fe para lanzar esta cadena del “Ave María” que iba a recorrer la tierra, como un río que brota y luego sigue discretamente su curso ensanchándose cada vez más, así esta oración que empezó en la tierra mariana de Nuestra Señora de Luján, en Argentina, en 1976, se ha extendido a los cinco continentes.
Podemos estar alrededor de una mesa, riendo y sonriendo, y llevar problemas acuciantes de familia, llevar heridas y temores, angustias que se despiertan con fuerza, cuando una Trabajadora Misionera por el micro avisa: “Queridos amigos de Agua Viva les invitamos a cantar con nosotras la oración del Ave María... confiamos todas las preocupaciones a nuestra Madre celestial para que ella os llene a vosotros y a todos sus seres queridos de su ternura”.
La experiencia de estas Trabajadoras Misioneras es que, en esos momentos, se ven lágrimas furtivas, que corren sobre las mejillas de una madre. La preocupación por su hijo enfermo, por su hija cuya conducta la llena de angustia... “Esa noche se percata de que no había rezado nunca por ellos y que debe confiarlos más a la oración de María”. “A partir de hoy, lo haré más. Voy a rezar por mis hijos, y quizá es esto lo que ahora falta”.
Hay otras reacciones: Un grupo de parejas intercambia sonrisas con sorna “¿cantar unas Ave María? ¿Quién va a hacerlo? ¿Quién va a rezar delante de sus amigos? ¡No estamos en una iglesia, vaya ocurrencia! La religión es algo personal. No voy a rezar aquí, en público”. Estos son comentarios que se oyen. Mientras tanto, el Ave María empieza acompañada por el sonido de las guitarras, lo que crea un clima de recogimiento. Las voces de las Trabajadoras Misioneras se elevan para expresar mejor su fe, es un grupo de jóvenes que cantan con toda la fuerza de su juventud. Las voces de hombres y mujeres se unen para formar un espléndido coro que reza, suplica, agradece. Todos se han puesto a cantar... mejor dicho: a rezar. Cuando las últimas notas de la guitarra se callan, nace un silencio que no se quiere cortar. Después se retoman las conversaciones, son momentos que ofrecen la ocasión de hablar, expresarse y de intercambiar: Una me dijo: “Gracias por esta oración. Confieso que no rezaba desde hace 10 años y esta noche me siento contento de haberlo hecho. Me ha parecido experimentar la presencia de Dios en este lugar”.
Un sábado por la noche, los clientes son particularmente numerosos en el restaurante. Para resaltar que el sábado es el día de María, las Trabajadoras Misioneras cantan el Ave con gestos de danza, levantando unas pequeñas velas. Se apagan algunas luces en la sala, para dar mayor realce la llama de las velas. Todo conduce al recogimiento. Unas Trabajadoras Misioneras de los diversos continentes levantan hasta el cielo las llamitas, repitiendo ¡Ave, Ave María!
Una noche, una joven, llena de emoción, dirá: “Lo que he visto esta noche quedará grabado en mí. Todas esas personas que rezan en este restaurante… Es tan bello, es algo único… No lo olvidaré jamás. Es una imagen del Cielo sobre la tierra que quedará gravada en mí. Sí es bello mostrar que nuestro Dios quiere unir todas las razas en su amor. Gracias por recordarlo así a nuestro mundo tan dividido”.
Otros testimonios: “En mi hogar hay un problema enorme; al rezar lo he puesto en manos de María. Recen por nosotros, por favor”. “Mi hijo no cree; lo he confiado a la Virgen. Recen por él cada noche, por favor”. “Mi hijo está a punto de divorciarse, recen por él, por favor”.
Si a unos les gusta, hay otros que lo aprecian menos. Para algunos parece ser un reproche, una memoria difícil de aceptar, en una vida que a veces se ha dejado llevar por vientos opuestos. Y dicen: “No me gusta rezar así; si quiero rezar voy a una iglesia, pero no voy a un restaurante; no he venido aquí esta noche para esto”.
Estas reacciones que, a priori, parecen negativas ¿acaso no expresan un sufrimiento interior? A veces la luz es tan fuerte que es difícil recibirla de lleno. Quizá sea necesario que se repita la pequeña experiencia de oración en el restaurante, porque el Agua Viva ha hecho ante todo para los que no creen, para los que no rezan, para los que no se han encontrado todavía con Dios que los espera, como al lado del Pozo de Jacob, Jesús esperaba a la Samaritana para decirle: “¡Dame de beber! Yo te daré agua viva. ¡Si tú conocieras el Don de Dios!”
Otro testimonio. Es uno de enero, un restaurante Agua Viva abre sus puertas a orillas del océano Pacífico. Por la noche se oye el ruido del agua, y uno se siente llevar por el viento. El servicio alrededor de las mesas se hace rápido, gozoso. De repente se anuncia la oración de la noche. Y, rápido como un relámpago, un hombre se levanta diciendo: “No he venido aquí para rezar. Me voy”. Vuelve unos minutos más tarde y retoma su sitio en medio de su familia y amigos. A pesar de esta repulsión por la oración, vuelve a menudo al restaurante que le molesta pero, al mismo tiempo, le atrae. Sin embargo, cada vez se repite el mismo escenario. Se levanta, sale y luego vuelve. Se diría que no aguanta oír hablar de Dios y María. Un día explica el camino doloroso que ha marcado su vida. Apaciguado, por primera vez se queda durante el canto del “Ave María”.
Momento de Oración en el
"Eau Vive" de Roma. |
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Otro día, una mesa ocupada por dos familias, se habían reído en grande de la oración; el clima de oración del restaurante, sin embargo, había frenado sus expresiones de risa y de tomadura de pelo. “La actitud de ustedes me hiere”, le dice una Trabajadora Misionera: “No puedo aceptar el que alguien se ría así de mi Madre”. Entonces alguien del grupo le dijo: “Lo siento, ¿qué dice usted? Yo no me he reído de su madre. ¿Dónde está?” “La Virgen María es nuestra madre, es la madre de todos. Y la actitud de ustedes, su risa, choca de verdad”. Se quedan pensativos, sin atreverse a reaccio-nar…”Perdón… lo siento…”, dice uno de ellos. La noche acaba bien: “Volveremos y cantaremos nosotros también”.
A veces hay protestantes que se unen a nuestra oración. Otra vez es una señora judía que entra en una casa de Agua Viva con el texto del Ave y dice: “Vine aquí hace diez años, y he guardado siempre esta hoja, porque he pensado siempre volver a Agua Viva. Yo, que soy una hija de Israel, no he olvidado nunca esta oración y, a veces, la he cantado en unión con todos”.
Y ¿qué decir de esa “Ave María” cantada por musulmanes que a menudo almuerzan o cenan en Agua Viva? A ellos también se les propone el canto del Ave. Y esto no les choca. Para ellos, rezar en todos los sitios, incluso por la calle, no es problema, no les molesta. Admiran que los católicos tengan el valor de manifestar su oración en un restaurante.
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Una sala "Eau Vive" del Pacífico. |
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El Ave cantado en los restaurantes de Agua Viva va siempre precedido por un mensaje: un texto del Papa, unas palabras de la Escritura de la liturgia del día; a veces también de una coreografía que presenta un pasaje del Evangelio. Una noche fue el pasaje del Padre Misericordioso y del hijo pródigo, bailado en estilo clásico. El comentario no se hizo esperar: “¡Qué preciosidad, muy emocionante! Saben ustedes, yo también tengo un hijo pródigo. Un hijo que me volvió la espalda hace años. Es el drama de mi vida. Al escuchar las palabras de Cristo, viendo el mimo, me he sentido llena de esperanza… quizá un día mi hijo vuelva también. Cantando el Ave, he pedido a María que me lo traiga y que me ayude a acogerle con amor”.
El Ave cantado cada noche en las casas o restaurantes del Agua Viva, no son sólo música, o repetición de un canto tradicional. Son una piedra, un impulso de amor, un acto de fe que permite a la Virgen actuar como Madre, ella que solamente tiene un deseo: llevarnos a su Hijo Jesús. Y allí, alrededor de esas mesas de fiesta, ella hace, como lo hizo en Caná, aunque, a veces, de una manera invisible a nuestros ojos de carne, otras de una manera más visible y sensible… Lo esencial para nosotros es escucharle mientras nos dice: “Haced lo que Él os diga”.
(Resumen hecho por la redacción)