AÑO DE LA EUCARISTIA

El Papa resalta que el sacerdote actúa en la celebración eucarística “in persona Christi”. Que no quiere decir en nombre de Cristo, sino bastante más: “en vez” de Cristo o “en persona” de Cristo, “sumo y eterno sacerdote”, verdadero autor y sujeto principal de la Eucaristía, que no puede ser sustituido por nadie. Tampoco la expresión “in persona Christi” quiere decir que el sacerdote sustituya a Cristo, cosa imposible, sino que el sacerdote de tal manera se identifica con Cristo y queda transformado en Él, que cuando dice “Esto es mi cuerpo”, es Cristo quien lo dice; y cuando el sacerdote dice “Esta es mi sangre”, es Cristo quien lo está diciendo. En esos momentos el sacerdote no es el hombre tal o cual, con su historia concreta de cada día, sino que se ha identificado de tal manera con el Señor, que desaparecido el hombre el que habla y actúa es Cristo, aunque sólo en ese momento.

La Asamblea cristiana que se reúne para celebrar la Eucaristía, para que sea verdadera asamblea eucarística tiene que estar presidida siempre por el sacerdote ordenado. “Y este es un don que se recibe –dice el Papa- a través de la sucesión episcopal que se remonta a los apóstoles.Es el obispo, legítimo sucesor de los apóstoles, el que establece unnuevo presbítero, mediante el sacramento del Orden, otorgándole el poder de consagrar la Eucaristía. De ahí la ‘apostolicidad’ de la Eucaristía en su tercer sentido, como ya explicamos antes (n.29). “La Eucaristíacelebrada por ellos (los sacerdotes) es un don que supera la potestad de la asamblea (cristiana) y es insustituible para una válida consagración eucarística. Ya el concilio Lateranense IV establecía

 

 

“que el Ministerio eucarístico no puede ser celebrado en ninguna comunidad si no es por un sacerdote ordenado”. Así lo cita el Papa. Destaca también el Papa que la Eucaristía: ”es la principal y central razón de ser del sacramento ordenado (es decir, del sacerdocio), nacido en el momento de la institución de la Eucaristía y a la vez que ella” (Ib.). A este propósito pide a los sacerdotes que el Sacramento eucarístico sea para ellos el verdadero centro de su vida y de su ministerio, porque para esto han sido ordenados fundamentalmente.

Después el Papa advierte que, a pesar de que se ha adelantado mucho en el acercamiento a las comunidades eclesiales separadas, sin embargo, “los fieles católicos, aún respetando las convicciones religiosas de estos hermanos separados, deben abstenerse de participar en la comunión distribuida en sus celebraciones, para no avalar una ambigüedad sobre la naturaleza de la Eucaristía y, por consiguiente, faltar al deber de dar un testimonio claro de la verdad” (n.30). También advierte el Papa que no se puede “pensar en reemplazar la santa Misa dominical