Mes de junio. El verano rompe por sus fueros. Los veneros del alma se van caldeando. El sol nos enrubia por dentro. Las playas doradas del mundo se disponen para recibir a miles de criaturas, que ansían refrescar la piel del cuerpo y, sobre todo, la sed infinita del corazón que llevamos escrita en los profundos del espíritu.
Los cristianos celebramos una fiesta popular y entrañable: el CORPUS. Así como suena en un latín cada día más extraño y exótico, que se encuentra escondido allá en los rincones de nuestra niñez. Ya castellani-zado, y para que todos nos entendamos: la Solemnidad del SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO.
Guardo los recuerdos borrosos de niño con procesiones del Santísimo por las calles de nuestros pueblecitos. Voltear de campanas, trajes bien limpios y pobres. Mucha alegría mañanera y un río de niños que llenaban el ambiente de felicidad. Un sabor a tomillo, romero, jara y juncia que llenaba las calles y los altares. Y latiguillos al viento que crujían en la mañana floreada y festiva.
En esta fiesta el Señor recorre las calles de nuestros pueblos y ciudades. Es Jesucristo en el misterio de la Eucaristía. Dios bajo el ropaje humilde del pan de cada día. El milagro de la Eucaristía instituido en la tarde del Jueves Santo. En el CORPUS celebramos la presencia del Señor lejos del ambiente tenso y dolorido de la Semana Santa.

Imagen Eucarística de Ntra. Sra. de la Bella, Patrona de Lepe (Huelva). En la cavidad de su pecho tiene un Sagrario. Donde el Stmo. Sacramento se custodia los días, Jueves y Viernes Santo. Data de finales del siglo XV y principio del XVI. |
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¿Y qué tiene que ver la Eucaristía con María? Pues que tenemos Eucaristía por la fe de la Virgen. Ella es la que hizo posible que el Verbo Hijo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, se hiciera carne en sus entrañas. El Cuerpo y la Sangre de Cristo se formaron en el seno de la Virgen María por la acción infinita del Espíritu Santo.
Por María nos vino la Eucaristía.
Hoy rezo arrodillado ante el Señor Eucaristía con el alma de la Virgen: ¡Gracias, Señor, por el milagro de la Eucaristía! Tanto amor nunca sabré ni podré agradecértelo! Te has quedado con nosotros día y noche. Silencioso y elocuente al mismo tiempo.
Siempre cercano. Al alcance de la mano y del corazón. Siempre Amigo, Maestro, Señor y Esposo. Sacia el hambre y la sed infinitas que nos muerde por dentro. ¡Gracias, Señor, por la Eucaristía que nos vino por María!
Alfonso Moreno, O. Carm. |