Con la ceniza en la frente estrenamos el mes de marzo. Cuando precisamente la primavera me florece por todos los poros del alma. Ahora que manantiales de agua viva brotan de mi yo más íntimo. Cuando miles de pajarillos cantan su mejor canción de amor en la punta de los árboles.
Desde mi fe de cristiano a medias y soñando en la Virgen María quiero hablarte de la cuaresma. Después de los carnavales con todo su montaje de colores, baile, musiquilla y poesía. Hermosura y ju-ventud encaramados en el carrusel de la vida, pintados de erotismo, que contrastan con tantas metralletas y hambrunas en cualquier rincón del mundo.
El fondo de la tragedia está en el pecado. He ahí el cáncer que nos roe las entrañas. Tantas lágrimas como se vierten por doquier provienen de nuestros pecados: los míos y los tuyos. De ahí que se imponga la cuaresma con todo su mensaje de conversión y ayuno. Somos unos pobres pecadores desde la coronilla de la cabeza hasta las plantas de los pies.
El día 1, Miércoles de Ceniza, los cristianos estrenamos la cuaresma. Con el rito de le ceniza iniciamos un camino de conversión hacia la Pascua de Jesucristo. Cristo muerto por nuestros pecados y resu-citado para nuestra justificación. El Señor Jesús avanza hacia la noche oscura de la muerte por nuestro amor.
Con los ojos clavados en la Virgen María, toda santa einmaculada, os invito a vivir una cuaresma con todo el fervor del corazón. Nunca el hombre es tan grande como cuando se postra de rodillas. Cuando confiesa más humilde que la tierra sus fechorías. Cuando reconoce que es ladino, soberbio, egoísta y mentiroso hasta decir basta.
He aquí mi oración en esta Cuaresma:
Santa María, Madre de Dios y de la Iglesia, hoy vengo a tus plantas con el corazón roto de dolor. Soy el último de tus hijos. Virgen Inmaculada, toda de nieve y espuma, pasa tu pañuelo de seda por mis mejillas, enrojecidas por la sal de tantas lagrimas derramadas por mis pecados. Por esta vida tibia y ambigua que es pura mentira. Por mi mediocridad insoportable, mientras veo a ojos vista que la vida se acaba sin remedio. Recoge mi llanto, Madre buena, hoy que te traigo el corazón roto de pena y esperanza. Amén.
Alfonso Moreno, O. Carm.