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Nadie que haya vivido con él podrá decir del P. Alejandro que no tiene un espíritu misionero. Creo que no tiene miedo a nada ni a nadie. No es perfecto, como cualquier persona, pero podemos decir de él que es un hombre de fe, sencillo, trabajador, entusiasta y enamorado de su vocación carmelita. Sabe quién es su Señor y está dispuesto a hacer lo que haga falta por él. No es locura ciega lo suyo, no. Más bien, una opción libre, responsable y consciente que él intenta renovar cada día delante del Sagrario.
En este mes de octubre hemos querido dedicar esta página misionera de nuestra Revista a una entrevista realizada al P. Alejandro. Muchos de nuestros lectores le conocen bien. El ha colaborado durante mucho tiempo en la elaboración de “Escapulario del Carmen” y continúa haciéndolo con la publicación, de vez en cuando, de artículos muy interesantes surgidos de una reflexión personal y seria, madurada a la luz del Evangelio.
En Septiembre de 2005, el P. Alejandro se incorporaba a la misión Carmelita de Burkina Faso, después de haber pasado más de diez años en la misión de Venezuela. En la actualidad, junto al P. Jean Patrice Basolé, es el responsable de la formación de nuestros Postulantes carmelitas en Ouagadougou, capital del país. |
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1.- P. Alejandro, ¿porqué decidiste dejar Venezuela y venir a África?
América, África o cualquier rincón del mundo es apto para anunciar el Evangelio; a estas alturas de mi vida no me siento apegado a un lugar geográfico concreto, tan solo deseo servir a la Iglesia dentro de esta familia que es el Carmelo.
Procuro cada vez que se me pide un servicio, dentro de mi pobreza y limitaciones estar dispuesto a dar lo mejor de mí; lo hice en Venezuela y pido a Dios poder seguir haciéndolo en Burkina con la ayuda de los hermanos.
2.- Hace un año que llegaste a Burkina Faso. Durante este tiempo, ¿cuáles han sido las tinieblas y las luces que has encontrado en esta nueva misión?
A lo largo de este año he vivido un tiempo de luz, de vida, de aprendizaje. Pensaba que conocía casi todo, pero aquí mi visión ha cambiado porque en medio de este pueblo me he sentido pequeño, inútil, sin argumentos, frente a la pobreza brutal con la que tienen que enfrentarse día a día las personas. Los primeros meses no entendía nada de lo que mis sentidos percibían, pero poco a poco el Señor me ha ido mostrando su presencia y el amor de Padre con cada una de sus criaturas.
Si Dios alimenta las aves del cielo, cómo no había de hacerlo con sus hijos más pequeños. He visto el milagro que Dios realiza en medio de ellos alimentándolos de la nada, frente al pecado de una humanidad egoísta que es incapaz de dar soluciones globales y se limita a dar limosnas.
3.- ¿Cuéntanos qué has hecho durante este primer año de estancia en Burkina Faso?
Tres cosas que no hacía con suficiente intensidad: observar, escuchar y orar. Observar su forma de vivir, de moverse de trabajar, de orar y aprender con ellos a relativizar mi vida llena de seguridades y confort; escuchar sus lamentos, pero sobre todo sus esperanzas, sueños, sus metas que quizás no lleguen a realizarse jamás pero que para ellos supone el deseo de vivir; y orar porque en medio de mi impotencia como humano, siento que mi mayor aportación en estos momentos es la fuerza de la oración, algo que nuestro mundo lleno de pragmatismo y eficacia no pueden entender.
4.- ¿Cómo concibes la integración del carisma carmelita en la misión de la Iglesia, en general y en la realidad de Burkina Faso en particular?
Este año me ha servido para una relectura y un reencuentro con el carisma del Carmelo que me ha llevado ha valorar el gran tesoro que esta familia posee y la necesidad de hacerlo presente. Ser Fraternidad Contemplativa en Medio del Pueblo, porque no es tiempo de palabras vacías o de grandes proyectos que nunca llegan a realizarse, son necesarios signos proféticos que hagan visible el Amor y el Evangelio. Como carmelitas podemos hacerlo, nuestro carisma nos invita y este pueblo lo reclama.
5.- ¿Cuáles son los valores africanos que más admiras?
La Esperanza; en el corazón de cada hombre y mujer hay un manantial de esperanzas, de ilusiones, de anhelos. La pobreza no los destruye porque han aprendido a esperar y confían en Dios y Dios no los abandona.
6.- P. Alejandro, formula un deseo para la misión carmelita de Burkina Faso.
Que podamos ser testigos del Evangelio viviendo como fraternidades contemplativas al servicio de este pueblo.
Damos las gracias a Alejandro.
PACO DAZA,
Carmelo de Burkina Faso
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