El Año Eucarístico convocado por el Papa Juan Pablo II tocó a su fin (Octubre 04-Octubre 05). No obstante, la reflexión que esta celebración ha provocado en la Iglesia del mundo entero va a perdurar para siempre. La comunidad cristiana ha reencontrado la importancia y el valor de este sacramento en la vida de fe de cada día.
Juan Pablo II nos recordaba que la Eucaristía no es solamente la fuerza interior que invita a los creyentes a un compromiso concreto con el Evangelio. La Eucaristía es, además, en sí misma un verdadero proyecto de misión. Ella implica una manera de ser que arranca de la vida misma de Cristo.
¿Cuáles son las actitudes concretas expresadas en el proyecto de misión eucarístico?
En la Encíclica “La Iglesia vive de la Eucaristía”, se sugieren las siguientes:
• Vivir en la acción de gracias, reconociendo que todo es un don de Dios. El ser humano encuentra su verdadera dignidad en la referencia a Dios.
• Vivir un compromiso concreto por la solidaridad, la paz y la comunión.
• Hacer una opción efectiva por los más pobres de este mundo luchando por erradicar las causas que se encuentran a la base de esta situación.
La Iglesia es misionera por vocación. ¡Hagamos de nuestra fe un signo evidente de Cristo al servicio del Amor! San Juan, en el cuarto Evangelio, reemplaza el texto de la institución de la Eucaristía por el del lavatorio de pies. En este gesto, el Señor expresa en toda su profundidad el sentido de la Eucaristía. Que la participación a este Sacramento haga de cada uno de nosotros verdaderos servidores de los demás.
PACO DAZA, O. Carm.