Recuerdo que me llamó la atención el ambiente de aquel restaurante. El servicio era excelente y la cocina fue exquisita. Hasta aquí, con lo que he dicho, podría estar hablando tan sólo de un buen restaurante de los muchos que hay.

Sin embargo, el restaurante del que os hablo tenía algo de especial. Lo atendían mujeres de culturas y de razas diferentes. Cada una iba vestida según la tradición de su país y todas llevaban el mismo distintivo: una medalla escapulario del Carmen. Recuerdo que durante la cena nos invitaron a rezar con ellas a la Virgen María. Todos los comensales, cristianos y no cristianos, se unieron, unos participando y otros con una actitud de respeto, a esos momentos de oración y de acción de gracias.


Así fue como conocí a las Trabajadoras Misioneras de la Inmaculada, fundadas por el P. Marcel Roussel en 1950 y, desde 1987, junto a los otros miembros de la Familia Misionera Donum Dei, incorporadas a la Orden del Carmen como miembros de la Tercera Orden Secular del Carmelo.

El deseo profundo de evangelizar a las personas que no conocían a Cristo llevó al P. Roussel a organizar la vida de las primeras Trabajadoras Misioneras: mujeres que ofrecerían a Dios su primer amor, su virginidad para siempre, sin renunciar a su carácter laical en la Iglesia. Viviendo en comunidad en medio del mundo, y con un espíritu de pobreza, de obediencia y de servicio, su misión consistirá en evangelizar en los ambientes más alejados: fábricas, barrios mar-ginales, cárceles, bares, ...En la actualidad, están presentes en los cinco continentes.

En 1960, las Trabajadoras Misioneras van a incorporar a su amplia actividad misionera los Restaurantes “L´eau Vive”; éstos son concebidos como lugares de encuentro para todos, como espacios de comunicación y de crecimiento humano y religioso. Ellas se ocupan de la cocina y del servicio a los clientes. A través de la acogida, de la cercanía y del diálogo intentan ofrecer el testimonio evangélico de un Dios que es Amor para todos los hombres y que está cercano a todos. El “agua viva” de Jesucristo es así ofrecida para saciar la sed de tantas personas. Santa Teresa de Ávila ya nos había dicho que también entre los pucheros anda Dios.

En Burkina Faso, los Carmelitas trabajamos con las Trabajadoras Misioneras en la animación espiritual y humana de sus dos comunidades y de las diferentes fraternidades laicales Donum Dei de Ouagadougou y de Bobo-Dioulasso. Para nosotros ha sido una gracia de Dios contar con su presencia y con su apoyo desde los primeros momentos de la fundación del Carmelo burkinabé. Les estamos muy agradecidos. Junto a ellas compartimos la riqueza del carisma carmelita en este pueblo africano que tanto ama a la Virgen María.

PACO DAZA, O. Carm.

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