idea, sino alguien. María es una mujer profundamente humana y además es libre,
dueña de sí misma, capaz de pensar, de tomar decisiones, de comprometerse, de actuar por sí misma.
Y es miembro de una familia, participa en las tareas domésticas, y sale con sus amistades y viviría como cualquier muchacha de su edad. María es una persona que reflexiona, que medita, que se para en medio de las actividades diarias para conocerse, para conocer la voluntad de Dios y saber a lo que se compromete, a lo que está llamada. Necesita de toda la luz posible, de toda la fuerza que pueda recibir de lo alto. No tiene todas las respuestas en el momento, por eso “lo guardaba todo en su corazón”, y cuando algún acontecimiento se le escapa a su razón, pregunta y espera respuestas... “¿cómo será esto, pues no conozco varón?”.

María se abre al plan de Dios y se entrega con su mayor disponibilidad: “Hágase en mí según tu palabra”. Comprendía que Dios tenía un proyecto misterioso sobre ella y que tenía que realizarlo en un camino progresivo.

La genealogía que Mateo nos narra, comienza con Abraham y termina en María. ¿Qué tienen en común? Sin duda la historia de una fe sin fisuras que cree lo increíble.
A Abraham Dios le promete que lo hará padre de un gran pueblo y sin dudar se pone en camino. A María Dios le promete que dará a luz un niño sin conocer varón y que será el
Mesías. Y María cree, como Abraham, sin fisuras.
Sabe que la aceptación del plan de Dios no va a estar exenta de sufrimiento y dolor. Conoce las dificultades y las complicaciones que le esperaban. Según la Ley podía ser apedreada. Pero también sabe que la historia de Israel está plagada de hechos milagrosos de Dios. Si el embarazo es cosa suya, también el desarrollo de los acontecimientos
posteriores estará marcado por su mano. La fe en las palabras del ángel tenía

que ir acompañada de confianza en el poder de Dios para sacarla de los problemas.
María se turba y Dios le ofrece su asistencia. Dios le pide permiso para iniciar su obra: ni fuerza, ni se impone, sino que dialoga, porque respeta la libertad que nos ha dado:
Dios hace grande a María al no mirarla como un objeto, como tan frecuente era mirar a la mujer y aún hoy, sino como a una persona y le facilita razones: “el Espíritu te cubrirá con su sombra”, y le da signos: “tu prima Isabel ha concebido en su vejez”. Dios ha colocado el futuro de la historia de la salvación en manos de María.
Con estos mismos ojos nos mira Dios cada día. Y todos podemos quedar llenos de Él siguiendo este camino que inicia María, como ya lo expresaba San Agustín: “Los miembros de Cristo dan a luz, en el Espíritu, de la misma manera que la Virgen María dio a luz a su Cristo en su seno; de esta manera todos podemos ser madres de Cristo... os habéis hecho hijos, sed madres también”. Sermón 724.
El ser criatura nueva, nacer de lo alto, es nacer de nuevo, que supone aceptar lo gratuito del don de Dios: Pero Dios pide la colaboración del hombre y esto es grandioso: la humanidad se hace interlocutora de Dios.

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