Motivación:
Querido lector: Intento atraer tu atención por medio de este título sin más pretensión que la de poder reflexionar juntos, para que dialoguemos con tu saber y tus sentimientos, con el propósito de que nos paremos un momento y demos una respuesta a nuestro tiempo. Pido perdón por mi osadía; pero sí me atrevo a pedirte que hagas una sentada en las prisas de la rutina de cada día, para poder compartir y dialogar como amigos sobre las cosas que hoy casi no se habla. No intento enseñar, ni dar consejos, ni moralizar. Sólo reflexionar, compartir, manifestar mis inquietudes, sabiendo que somos compañeros decamino en nuestro peregrinar.
Justificación:
Seguía atentamente una noche, algo tarde, un debate en una cadena de T.V. sobre el estado del Papa y, como suele ser normal, ya se tocaron diversos temas. Una de las interlocutoras, religiosa de un Instituto Secular, en una de sus intervenciones manifestó: “María no puede ser referente para mí, pues la definimos como virgen
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y madre a la vez, y eso se escapa a mis posibilidades”...
De todo lo que se dijo en dicho debate, esta idea quedó grabada en mí, no paraba de darle vueltas y más vueltas.
Durante varios días lo recordaba y pensaba que si para una religiosa, una mujer al fin y al cabo, era tan imposible tener a María como referente, ¿qué pasa con los hombres? Y me hizo preguntarme qué idea tendríamos de María nosotros, que tanto la queremos y que tan devotos somos de su advocación “del Carmen”, que la vestimos tan majestuosa, que tanto la hemos idealizado...
La referencia a María habría que buscarla
por otra vía.

Mujer que vive en un espacio y en un tiempo concreto. La concreción es un dato muy importante, porque María no es una
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