Respecto a su devoción al escapulario carmelitano hay que recordar algunas cosas. Habló con frecuencia de él, de su valor espiritual. En una audiencia del 16 de julio de 1988 a un grupo de “Alpini”, rama de militares italianos, Juan Pablo II citó a su predecesor Pío XII por una carta que escribió este Papa, resaltando en una carta el escapulario y su valor especial entre las devociones marianas. En una audiencia en Castelgandolfo, ante un nutrido grupo de gente llamó al escapulario carmelitano “como una gracia particular de María”. Dijo que éste era un modo de aumentar la comunión y familiaridad con la Bienaventurada Virgen María. También, que esta era “un modo nuevo de vivir para Dios y de continuar aquí en la tierra el amor a Jesús, el Hijo, hacia su Madre María”.
En un discurso a los jóvenes de la parroquia Carmelita de Santa María de Transpontina en 1989, el Papa dijo que debía mucho al escapulario del Carmen por la protección que le dio en su juventud. Comparó el escapulario con una madre que ve a sus hijos adecuadamente vestidos. “Nuestra Señora del Monte Carmelo nos viste en un sentido espiritual. Nos viste con la gracia de Dios y nos ayuda siempre”...
Durante sus años como Papa puso de manifiesto, en no pocas ocasiones, su especial devoción por Nuestra Señora del Monte Carmelo. En una audiencia general del 13 de julio de 1988 el Papa retó a los jóvenes a examinar su propia devoción a María, y les recomendó hacerlo a través del escapulario del Carmen. Y en la misma audiencia, dirigiéndose a los enfermos les dijo que “Nuestra Señora del Monte Carmelo iluminará la belleza del misterio del sufrimiento”. También a los recién casados, presentes en la plaza de San Pedro en una ocasión: les dijo: “poner vuestro amor bajo la protección de la Virgen del Carmen”, recordándoles que “será su oración e intercesión la que proteja vuestro amor de los peligros y motivará que vuestro amor sea fiel y rico siempre”.