que la religión y otras ideologías, ofrecen una oposición frontal a todo progreso, que encadenan al hombre, no le permiten participar en su renovación, ni en su propio bienestar social y que, por el contrario, la secularización, el laicismo, abren un camino más positivo, menos alienante y más constructivo.
Esta situación, que es real, no se entretiene solo en reducir la Religión a un plano secundario, sino que traspasa estos límites e impone una serie de principios y crea una serie de situaciones, que modifican profundamente las creencias del hombre, su ética de comportamiento y su propia identidad.
Entre sus objetivos prioritarios figura no sólo la desacralización de la sociedad, sino también, la supresión de aquellas instituciones, como la Iglesia, que se oponen frontalmente a esta nueva concepción de secularismo. Esto en términos normales, se llama autoritarismo en el plano social e invasión de la conciencia en el plano íntimo y profundo del hombre.
Como consecuencia lógica de este nuevo pensamiento el perfil del hombre actual y principalmente de los jóvenes, en palabras del profesor Antonio Jiménez, de la Facultad de Teología de Granada, es, entre otras muchas cosas, un ser que está implicado en el carácter de su propia cultura, que se ha creado hambriento de experimentar cosas nuevas, positivas, amante de lo concreto y que busca objetivos personales, frente a las utopías sociales o religiosas. En el plano del comportamiento, debido a informacio-nes continuas y diversas, a los estímulos que recibe y que, a veces, son difíciles de asumir, tienen una falta de identidad, una fragmentación interior e inseguridad personal
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