nal con una ética basada en la diversión, en el placer y ajena al esfuerzo del deber, que lo conducen a situaciones conflictivas.

Con estos presupuestos no nos extrañe, que los acontecimientos sociales nos hagan ver que el hombre se ha convertido en lobo para el propio hombre, que no tiene una norma objetiva de comportamiento que regule, de alguna manera, su propia conducta, que no tiene conciencia de lo que realiza y se deja llevar por lo que le ofrecen, como recompensa, a su vulnerabilidad o a su falta de criterio.

La cantidad de problemas que diariamente nos asustan, nos hacen ver que algo especial está ocurriendo en el hombre y, que por razones diversas, los problemas que permanecían en el subconsciente están aflorando al plano de la conciencia, con una fuerza extraordinaria.

Problemas

Los ejemplos de violencia doméstica demuestran, que el ser humano ha perdido la razón y que no hay motivo que justifique tales atrocidades. La violencia doméstica está destruyendo a la familia, no solo por la gravedad de los mismos actos, sino por el desconcierto que se produce en los hogares y el vacío de amor entre padres e hijos.

Mirando este aspecto de la sociedad es evidente que estas aberraciones son producto, o tiene sus referentes, en la pérdida del amor, del respeto y de la influencia del contexto social de materialismo, de increencia, de secularismo, que estamos viviendo.

Todo ciertamente se puede discutir, pero habría que resolver la profunda contradicción que se produce, en estos casos de violencia doméstica, entre la conciencia personal y las influencias que se reciben del contexto social, y que puede llegar a cambiar las convicciones de esas personas y convertirlas en criminales despiadados ajenos al respeto y a los derechos de los demás.

diginidad

Junto a estos problemas hay otras situa-ciones que, sin duda alguna, también son fruto de la misma concepción del hombre y que denigran a la sociedad. La dignidad de las personas, por ejemplo, es un derecho inviolable, tanto en la vida familiar, como en el desarrollo en la vida pública. Es una auténtica vergüenza asomarse a los medios de comunicación social, sobre todo, revistas del corazón, y algunos programas de tele-visión, para comprobar el poco respeto que se tiene a las personas.

Aquí, todo el mundo tiene derecho a airear las intimidades de unas vidas, que por suerte o desgracia, han sido protagonistas improvisados de la sociedad. Se dicen barbaridades sobre los vivos y los muertos, sus vidas son objeto de discusiones interminables, sus amoríos son considerados como gestas de los caballeros andantes y su aparición social, imágenes apetecibles por las revistas del corazón para llenar el vacío y las apetencias de personas superficiales que se entretienen con estos chismes, pero sin medir las consecuencias morales de tales hechos.

Todo está permitido: vida privada, amores, problemas de pareja, intimidades de familia, fracaso matrimonial, confidencias privadas, bajo la fórmula de la libertad de expresión. Todo esto no debería estar permitido pues las leyes amparan la privacidad de todos. Pero tan bajo ha caído el hombre, en su propia concepción, que, muchas veces, las mismas personas son las protagonistas de sus propias historias y las que airean sus interioridades, con la única intención de ganar dinero, o conseguir una cuota acep-table de publicidad. Y lo más degradante e indigno es ver cómo amigos, familiares y allegados se disputan la televisión entablando guerras sin cuartel, dispuestos a explicarlo todo, incluso lo más íntimo, de su propia familia, padres, hermanos, con tal que sobre la mesa se ponga una buena can-tidad de dinero que justifique lo que se está diciendo. Se ha perdido toda ética, todo el respeto a su propia dignidad. ¿Cómo es posible esto?