Santa María Magdalena
Nota aclaratoria: El P. Gianfranco María Tuberi, O.Carm. es miembro de la Delegación General Carmelita en Francia. Convento Notre Dame de Lumières, Nantes (Francia). Ha realizado el presente estudio con ocasión del IV Centenario de la muerte de Santa María Magdalena de Pazzi (1607-2007). A través de este año centenario se irá publicando el mismo en diversas partes.

1. Introducción
Cuando se trata de entrar en el recorrido de una existencia humana, no importa cuál sea, uno se percata inmediatamente del misterio inefable que la guía, y todo esfuerzo por definirla, resulta insuficiente, a fin de explicar la exuberancia que la caracteriza. Cuanto más excepcional es la persona y su aventura existencial, tanto mayor es la impotencia, y del mismo modo, también manifiesta sus límites cualquier esfuerzo en la búsqueda de los medios por conocerla.

San JuanIgual que existen ríos subterráneos en la naturaleza, en la vida humana también existen corrientes subterráneas de gracia, derramada a través de su recorrido histórico, con influencias misteriosas que escapan a la lectura crítica de los medios científicos normales.

Sin embargo, hay ciertos momentos que proyectan rayos poderosos sobre estos misterios, momentos de gracia que no tienen justificación posible: de golpe, se puede tener una intuición especial, sentir un vértigo indefinible en lo más profundo, que permite comenzar a ver la historia de otro modo, como el resurgir de una corriente inmensa de gracia, de vida y de luz, que recorre toda la creación.

Estos momentos de gracia y estos rayos de luz, aparecen en el paso de una experiencia espiritual a otra. Puede tratarse sencillamente de un acontecimiento banal, a través de un contacto, pero que nos han traído contenidos muy profundos, poder ver de otra manera cosas que ya parecían muertas y olvidadas y que, tal vez, no se nos hubieran transmitido formalmente. De repente, las encontramos misteriosamente vivas, independientemente de la distancia en el tiempo o en el espacio.


No creo que sea una osadía, al menos en principio, proponer el título de “Hermanas en el Espíritu” para estas dos santas carmelitas, Santa María Magdalena de Pazzi y Santa Teresa del Niño Jesús, tan lejanas la una de la otra por diversas razones. Esta convicción no está basada en algunos puntos de contactos verificados, sino a través de amplias convergencias que hemos podido constatar. Aún cuando descartemos una total semejanza, hay que sacar en conclusión, recordando a Petrarca en el Le Repos religieux, a propósito de un texto entre Filón y Cicerón, que ambas “emprendieron, sin saberlo, el mismo camino, debido a una cierta semejanza de espíritu”.


“Hermanas en el Espíritu”2 es el título de dos ensayos teológicos del gran teólogo suizo, Hans Urs von Baltassar, uno sobre Teresa del Niño Jesús, y otro sobre Isabel de la Trinidad. De él tomamos esta bella expresión, tratando de hacer un trabajo análogo sobre estas dos santas, a las que personalmente siento como profundamente hermanas en el único Espíritu de Dios y el único Espíritu del Carmelo.

Sta. Mª Magdalena Pazzi2. El episodio de 1887
Vengamos, pues, al episodio que asocia a nuestras dos santas, y al que doy una importancia del todo particular, reconociendo en el mismo el símbolo luminoso de un cierto proceso de transmisión espiritual, que será la clave esencial dentro de la perspectiva del trabajo que estoy realizando sobre las obras de Santa María Magdalena de Pazzi y al que denomino planteamiento teresiano.


El 4 de noviembre de 1887, una joven de 14 años (la futura Santa Teresa del Niño Jesús), viajó a Roma acompañada de su hermana y de su padre, a fin de solicitar del Papa León XIII la gracia de poder entrar en el Carmelo a la edad de 15 años. El domingo 20 de noviembre, durante la Audiencia Papal, ella no obtiene el ‘sí’ esperado, y con el corazón destrozado emprende el regreso hacia Lisieux. Sin embargo, durante el viaje de regreso el grupo de peregrinos visita distintas ciudades y se detienen en Florencia el 25 de noviembre.

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