Santa María Magdalena

Teresa del Niño Jesús3. Algunos rastros de otros encuentros
Al preparar este trabajo, tras recordar el hecho anterior, pensé enseguida en exponer las convergencias de la experiencia espiritual de las dos santas, no sabiendo demasiado de lo que Teresa del Niño Jesús hubiera podido saber en su monasterio sobre Santa María Magdalena de Pazzi, pues no existe ningún estudio al respecto.

Así pues, es necesario retroceder al episodio de Florencia. En el Manuscrito A, Teresa habla de los hermosos domingos pasados en familia en Lisieux. En la Historia de un alma, su hermana Paulina añadió este detalle: “María o Paulina leían el Año Litúrgico (de Dom Guerenguer); después algunas paginas de algún libro interesante y a la vez instructivo”.

Es, pues, sentada entre las rodillas de su padre como encuentra por primera vez a la carmelita de Florencia; la lectura que oyó de esta santa, no pudo pasar desapercibida.

En el día 29 de mayo, correspondiente a las fiestas del Año Litúrgico de Dom Guerenguer, éste hace una introducción a la vida de la santa con palabras magníficas; después reproduce las lecturas del breviario, un rápido resumen de su vida y termina con una oración.

No puedo dejar sin copiar las expresiones de su introducción.

Sta Mª Magdalena de Pazzi“El ciclo pascual nos ofrece tres ilustres vírgenes que ha producido Italia. Hemos saludado con admiración a la audaz Catalina de Sena; dentro de pocos días, celebraremos a Ángela de Medici, rodeada de su enjambre de jóvenes; hoy, el lirio de Florencia, Magdalena de Pazzi, embalsama con su perfume toda la Iglesia. Ella fue la amante y la imitadora del divino crucificado: ¿no es justo, pues, que tuviera parte en las alegrías de su Resurrección? Magdalena de Pazzi brilló en el Carmelo por su pureza y por el ardor de su amor.
Ella fue, como San Felipe Neri, una de las más brillantes manifestaciones del amor divino dentro de la Iglesia, ella consumiéndose en el claustro, él consumido por sus trabajos apostólicos con las almas, pudiendo ambos ver cumplida en ellos la palabra del Hijo de Dios:“He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya hubiera prendido!” La vida de la esposa de Cristo fue un milagro continuo.
Sus raptos y éxtasis fueron casi diarios. Le fueron comunicadas luces muy vivas sobre los misterios y, a fin de purificarla aún más por estas comunicaciones sublimes, Dios la hizo pasar por las más terribles pruebas de la vida espiritual.
Ella salió triunfante de ellas y esto hacía que su amor aumentara cada vez más, no encontraba descanso sino en el sufrimiento, a través del cual alimentó el fuego que la consumía. Al mismo tiempo, su corazón ardía de amor hacia los hombres; deseaba salvar a todos, y su ardiente amor hacia las almas, se extendía también hacia las necesidades de sus cuerpos”.

He aquí las expresiones últimas de la oración final:

“¡Alma de serafín! ¿Cómo podremos seguirte? ¿Cómo es nuestro amor comparado con el tuyo? Podemos, sin embargo, unirnos desde lejos a tus pasos. El año litúrgico fue el centro de tu existencia; cada una de sus estaciones misteriosas actuaban sobre ti y te traían nuevas luces, nuevos ardores.
El pequeño Niño de Belén, la Víctima sangrienta de la Cruz, el glorioso Esposo vencedor de la muerte, el Espíritu irradiando sus siete dones inefables, te transportaban; y tu alma se transformaba cada vez más en Aquel que, para apoderarse de nuestros corazones, se dignó manifestarse a través de estos gestos inmortales que la Santa Iglesia nos hace revivir cada año, dándonos una gracia siempre nueva.
Amasteis ardientemente a las almas durante vuestra vida mortal, ¡Oh Magdalena!; tu amor crecía más aún con la posesión del bien supremo; concédenos luz, para ver mejor lo que suspendía tus potencias, que era el ardor del amor y también para amar mejor lo que ambicionaba tu corazón”.

Teresa del Niño JesúsEn un alma abierta a la gracia y a las inspiraciones del Espíritu, como la de la pequeña Teresa, no puedo sino pensar que tales cosas no hayan tenido una influencia misteriosa, sobre todo ciertos temas, como el fuego que consume, el amor y la pasión por la salvación de las almas.

Hemos visto ya el episodio de la visita a la tumba de la santa en Florencia. Deseo pasar a otro contacto importante entre las dos santas en conexión con esta peregrinación. Mons. Révérony, que ya había encontrado a Teresa en el Obispado de Bayeux y que estaba al tanto de los planteamientos de la joven, se mostró comprensivo hacia ella y hacia su padre, dándole su apoyo en la consecución de sus deseos.

Al ingresar Teresa en el Carmelo, Mons. Révérony realizó un gesto, por el que manifestaba la estima que tenía de la determinación de la joven. No pudo hacer otra cosa mejor sino recordarle, de algún modo, el encuentro en Florencia con Santa María Magdalena de Pazzi, proponiéndosela como modelo de vida Carmelita. Le regaló una bella estampa en color de esta “virgen de la Orden del Carmen” representada en éxtasis dentro un pequeño óvalo; la imagen está colocada dentro de una composición adornada y reproduciendo, con una bella escritura, las siguientes palabras de la santa:

“¡Oh Amor! ¿hasta donde podéis ser conocido y amado? Si no encontráis dónde descansar, venid a mí y yo os recibiré. Me hacéis morir, estando todavía en vida, por el dolor que experimento y el pesar que me corroe por lo poco que sois conocido, no recibido, tan poco amado. ¡Oh almas creadas para el amor! ¿por qué no amáis al Amor? Y sobre un estandarte esta frase: “¡Oh Dios mío! Sufrir siempre y no morir”.

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