Si la última frase es la más simple para retenerla, y la más conocida, el otro texto expresa aún más la pasión amorosa de la santa de Florencia, que Teresa también conoció. Estas frases están sacadas del éxtasis del 3 de mayo de 1592. En el texto original leemos:
“¡Oh Amor, que no sois conocido, ni amado! ¡Oh Amor, entregaos a todas las criaturas, oh Amor! Si no encontráis dónde descansar, venid a mí, porque yo os acogeré, y os recibiré.
¡Oh almas creadas del amor y para el amor! ¿por qué no amáis al Amor? Y ¿qué cosa es el Amor, sino Dios, si Dios es amor? Dios es amor, y éste es mi Esposo y mi amor. Este Amor, que es el mío, no es amado, ni conocido.
¡Oh Amor, que consumes! Me hacéis morir y, sin embargo, sigo viva.
¡Oh Amor ¡ experimento tal pena, que hasta mi cuerpo participa en ella, haciéndome conocer cuán poco sois conocido”
Sería largo reproducir todas las expresiones de Teresa cercanas a este tema tan amado por las dos santas; baste recordar dos pasajes del Acto de Ofrenda al Amor misericordioso, uno al principio:
“yo quiero amarte y hacerte amar” ,
y otro al final:
“A fin de vivir en un acto de perfecto amor, yo me ofrezco como víctima de holocausto a tu Amor misericordioso, y te suplico que me consumas sin cesar, haciendo que se desborden sobre mi alma las olas de ternura infinita que se encierran en ti…”.
En el Noviciado, Teresa comenzó su formación carmelita y, entre los medios de que disponía, se encontraba el libro Direction spirituelle pour s’occuper saintement avec Dieu à l’usage des novices de l’Ordre de Notre Dame du Mont Carmel, editado en Poitiers en 1869. En el ejemplar del monasterio hay una nota en la que se hace constar que fue usado por Santa Teresa. Este libro, desde la página 261 a la 289, reproduce una serie importante de máximas de Santa María Magdalena de Pazzi. Están divididas como sigue: máximas para la conducta de los Superiores , para los que ingresan en religión , para la práctica de los tres votos, para la observancia regular , para la práctica de otras virtudes, para el modo de hablar y la conversación, reglas y máximas en general.
Creo que es un contacto importante entre Teresa y María Magdalena. Por desgracia, esta antología de los avisos espirituales de la monja florentina dan una imagen pálida de la espiritualidad de su alma, pasada a través del gusto de una época muy lejana a la de la gran mística carmelita. En este sentido, este libro no contribuyó a un encuentro entre las dos almas, sino que más bien hizo alejarlas.
Los capítulos más bellos, como los del Oficio Divino, la Comunión, la caridad y el amor fraterno, han desaparecido; se puede en-contrar algo en otro capítulo, pero despojado de su fuerza y de su alma. Teresa utilizó este libro e interiorizó algunas máximas que, sin embargo, no expresan lo mejor del espíritu de Magdalena de Pazzi.
Un ejemplo puede iluminarnos. En la carta a Celina del 8 de mayo de 1888, encontramos esta expresión: “Un día de carmelita pasado sin sufrir es un día perdido” . Leemos en la nota: “Probable reminiscencia de una máxima de Santa María Magdalena de Pazzi” . En efecto, entre las máximas de nuestra santa, en el n. 44 encontramos: “Un día sin alguna mortificación, es una día perdido”.
Si hubieran traducido la primera parte del aviso n. 2 del capítulo 18, sobre la mortificación: “No debe pasar un día sin que os mortifiquéis, tanto en vuestra apariencia, como en vuestras palabras, incluso respecto a Dios”. Y en el aviso n. 5 del mismo capítulo: “Lamentaos de haber pasado en vano este día, si no os habéis impuesto alguna renuncia” ; otras expresiones expresan la idea del “día perdido”, que hubiera llamado la
atención de Teresa, más en sintonía con su alma que con el espíritu “jansenista” señalado en la primera.
He aquí estas dos expresiones: “Considerad que habéis perdido el día en el que no hayáis quebrantado vuestra voluntad y no la hayáis sometido a otro” y, sobre todo: “Considerad como perdido el día en el cual no hayáis hecho un acto de caridad hacia el prójimo”. Estas no se encontraban en las Máximas a disposición de Teresa.
Encontramos otra expresión entre los billetes que las hermanas sacaban a suerte, sin duda, el 29 de mayo, fiesta de la santa, conocido en el Carmelo de Lisieux como “Testamento de Santa María Magdalena de Pazzi”. En él se lee: “Hermana mía, os dejo mi amor por el sufrimiento. Era tan grande que me hacía exclamar sin cesar: ‘siempre sufrir y no morir’, es en el sufrimiento, y no en el gozo, donde se encuentra el verdadero amor, un día sin cruz está perdido para el Cielo”.
Esta piadosa máxima está en la misma línea que la citada más arriba; la segunda parte “es en el sufrimiento”, etc… no se encuentra en la colección que estaba a disposición de la carmelita. En el Carmelo existían otras fuentes para conocer el pensamiento de la Carmelita florentina.
Este espíritu del Carmelo en el que se formó Teresa, es el mismo que el de su padre espiritual, el P. Pichon, el cual le escribía en carta del 10 de enero de 1889: “Meditad estas palabras de Santa María Magdalena de Pazzi: “Dios se complace más, aquí abajo, en el alma transformada por el dolor, que en el alma transformada por el amor”. Ignoramos de donde sacó esta cita el P. Pichon.
Teresa conocía otro detalle de la vida de nuestra santa, que no está en sus Máximas. Sor Inés atestiguó en el Proceso que Teresa le dijo: “Me recordáis, Madre mía, aquella revelación que tuvo Santa María Magdalena de Pazzi referente al grado de gloria de San Luis Gonzaga. Ella vio claramente que él no había podido subir más alto en la gloria, aunque hubiera llegado a la edad de Noé”.
Otra fuente de conocimiento de Santa María Magdalena de Pazzi de la que disponía la biblioteca del Carmelo de Lisieux en la época de Teresa, era la traducción francesa hecha por DOM ANSELME BRUNIAUX, de le Cartuja de Valbonne, de las Oeuvres de Sainte Marie Madeleine de Pazzi, publicada por el carmelita italiano LORENZO-MARIA BRANCACCIO.
Estos dos tomos, editados en 1873, presentan una antología de las luces espirituales recibidas por Santa María Magdalena de Pazzi durante sus éxtasis. Aún cuando la obra no haya sido sacada de los manuscritos originales del monasterio de Florencia, sino de la edición del PUCCINI, expresa con bastante fidelidad el pensamiento de la santa. Pero no se encuentra en ella el episodio del que Teresa le habló a su hermana. Es necesario, pues, buscarlo en otra fuente.
Pensamos de modo particular en una obra muy conocida, de la que no existía ningún ejemplar en el monasterio; se trata de la Vie de Sainte Marie-Magdeleine de Pazzi del P. CEPARI, confesor de la santa, obra traducida al francés del libro Actes des saints por el Vicario General de Evreux. Este libro tuvo varias ediciones; sólo conocemos la primera edición aparecida en Lyon y en Paris en 1837, otra aparecida en Clermont-Ferrand en 1846, y la última editada en Paris en 1872.
Es en esta obra donde aparece el tema sobre la revelación de la gloria de San Luis Gonzaga, episodio importante, de modo particular para un jesuita, porque se trataba de una visión proclamando la gran santidad del santo, antes que la Iglesia lo canonizara.
P. Gianfranco María Tuveri, O. Carm.