La solidaridad es la respuesta a su llamada. No es un concepto abstracto, es respuesta personal que dimana de nuestro ser cristiano.
No es correcto eludir la pregunta que nos hace Dios: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4, 9).
Si la pregunta es directa a ti, la respuesta es personal y clara, no valen evasiones, pretextos, ni mirar, como distraído, para otro lado.
En los múltiples acercamientos a Dios, ¡cuántos!, oración, sacramentos.

A Él no le vemos, pero creemos firmemente en su presencia.
De modo distinto, pero igualmente real, hay una “encarnación” de Dios, en nuestro prójimo, pocas veces asumida: Dios está en el hermano, preferentemente en el más indefenso y necesitado.
Así están tantos hermanos, preferentemente niños.
No es principio filosófico, ¿dedución imaginativa? Es una afirmación del mismo Jesucristo: lo que hagas con cualquier hermano necesitado, lo estás haciendo conmigo.
La Iglesia nos recuerda cada año:–“Día del Ayuno Voluntario”.
Un día y voluntario...
Hay otro ayuno terrible, “el ayuno de por vida”, hasta morir de hambre, a la fuerza, sin más remedio.
Sólo vuestra solidaridad, puede mostrar caminos de esperanza.
Seguro que va a ser así.

Luis Mª Ruano, O. Carm.