
El día 17 de octubre pasado el Papa inauguraba desde la basílica de San Pedro el Año de la Eucaristía, en enlace televisivo con la clausura del Congreso Eucarístico que se celebraba en Guadalajara (Méjico). Como Juan Pablo II decía en su carta con motivo de este acontecimiento, no se busca organizar nuevos acontecimientos espirituales, sino redescubrir la importancia de este sacramento.
Para marcar el espíritu y el ritmo de la Iglesia durante este año eucarístico el Santo Padre nos ha regalado una hermosa Carta Apostólica titulada “Quédate con nosotros, Señor” (Mane nobiscum, Domine), de unas treinta páginas. Deja claro que no se trata durante año de organizar grandes acontecimientos espectaculares, sino redescubrir el misterio más grande del cristianismo, la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
A este propósito, el Pontífice confiesa que su mayor ilusión sería ver cómo los fieles redescubren “el don de la Eucaristía como luz y fuerza para nuestra vida cotidiana en el mundo, en el ejercicio de las respectivas profesiones y en contacto con las situaciones más diferentes”. En particular, señala, la Eucaristía ayuda a “vivir plenamente la belleza y la misión de la familia”.
El Año de la Eucaristía quiere ser en el deseo del Papa la respuesta al panorama internacional marcado por “oscuras sombras de violencia y de sangre que no terminan de entristecernos”. “La imagen lacerada de nuestro mundo, que ha comenzado el nuevo milenio con el espectro del terrorismo y la tragedia de la guerra, invita más que nunca a los cristianos a vivir la Eucaristía como una gran escuela de paz”.
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El cristiano que participa en la Eucaristía aprende de ella a hacerse promotor de comunión, de paz, y de solidaridad, reconociendo que este sacramento lleva a la edificación de “una sociedad más justa y fraterna”.
Por este motivo, el Papa quiere que “este Año de la Eucaristía sea un período en que las comunidades se comprometan de manera especial a salir al paso, con compromiso fraterno, de alguna de las muchas pobrezas de nuestro mundo”. El criterio según el cual se comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas es el amor y la atención por quien está en la necesidad, asegura el Santo Padre.
Esta Carta Apostólica está firmada por el Papa el 7 de octubre. El cardenal Francis Arinzé, Prefecto de la Congregación, en la rueda de prensa de la presentación de esta Carta declaró que “el Santo Padre reza para que este Año de la Eucaristía pueda ser para todos una preciosa oportunidad para alcanzar una renovada conciencia del incomparable tesoro que Cristo confió a su Iglesia”.
REDACCIÓN
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