Canciones
carmelitanas ambientaban los momentos que precedían
al comienzo de la jornada.
Nuestra Madre del Carmen, más bella que nunca,
y es que la ocasión lo merecía, pues en
ninguna otra ocasión, tantos hijos suyos, procedentes
de tantos lugares, habían venido a honrarla, a
rezarle, acudido ante Ella agradecidos, en una manifestación
portadora de fraternidad y reconocimiento de su maternidad
bienhechora.
Como marco de este bello cuadro, el portentoso retablo
de Valdés Leal, con unas pinturas admirables que
plasman con un realismo sobresaliente, escenas emblemáticas
de la vida del Profeta Elías, Padre inspirador
de nuestra Orden.
Iniciamos la jornada con LA ORACIÓN.
Un canto a la Virgen, confesando desde el corazón,
que es del Carmelo Madre y pidiéndole que siga
volviendo sus ojos entrañables a todos sus cofrades.
Escuchamos
atentamente el pasaje bíblico del Libro de los
Reyes sobre el Profeta Elías y la Nubecilla del
Carmelo, preanuncio de la Virgen que traerá la
bendición sobre la tierra con la venida del Mesías.
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Y terminamos este primer
momento con el canto-súplica, el más cantado
por todos los carmelitas y en todas las lenguas, desde
hace ya más de ocho siglos: FLOR DEL CARMELO, VIÑA
FLORIDA...
Siguió la jornada con unas palabras de saludo del
P. Juan Luna, Prior de nuestra Comunidad de Córdoba.
A continuación el P. Luis Mª Ruano, Delegado
para la Familia Carmelita de la Provincia Bética,
dio la bienvenida a todos los presentes que habían
acudido convocados por la propia y misma Madre.
De inmediato presentó al P. Ismael Martínez,
que con una amena y justa descripción de todo el
retablo, ambientó a todos para lo que a continuación
exponía el P. Manuel Bonilla, Provincial de
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